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viernes, 17 de noviembre de 2017

Entrevistando a la Resistencia: Icíar Andreu

En la octava entrega de la sección Entrevistando a la Resistencia, en que entrevisto a activistas, artistas y, en la mayoría de los casos, ambas; os traigo una entrevista con Icíar Andreu. Ella tiene 21 años y estudia música y en sus ratos libres intenta hacerla y disfrutarla; es activista feminista, LGTBI (es una mujer bi) y anti-gordofobia (Twitter: @BlackRose_Iciar / Instagram: @iciar_rosanegra).

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1. ¿Cuáles son tus exigencias para los feminismos hegemónicos como mujer que muchas veces se sale del "modelo de mujer" establecido muchas veces por estos?

Me gustaría que no se dejasen en el camino temas también importantes dentro del feminismo, y por lo tanto a compañeras, a la hora de luchar. Para mí, el feminismo debe incluir a todas las mujeres. Todas. Y últimamente es algo que veo que parece olvidarse.


2. ¿Qué implica para ti la gordura, tanto en el terreno del activismo tanto cibernético como local, como en tu vida diaria, tus relaciones...?

Es un tema que lleva conmigo desde siempre. Hay personas que se pensarán que no es para tanto, por eso esta pregunta me parece muy interesante. Voy a ser muy breve pero quiero que se tenga muy en cuenta.

La gordura para mi implica tener que aguantar comentarios que no a todes nos hacen. Miradas de asco, superioridad por parte de muchas personas. No poder estar tranquila en mis redes sociales, sobre todo haciendo activismo bodypositive y hablando de gordofobia, recibiendo una cantidad de acoso impresionante. El mismo acoso que llevo recibiendo desde niña en el colegio, en el instituto, piscina/playa, en la calle. Haber estado aguantando a médiques gordofóbiques, haber puesto en peligro mi salud (física y mental). Haber llegado a pensar que jamás tendría a alguien que me quisiera, ni siquiera a mi misma. Todo eso es lo que significaba y todavía significa para mí tener un cuerpo gordo en una sociedad como en la que vivimos.


3. ¿Te gustaría contarnos algo sobre cómo te diste cuenta de que no eras heterosexual y, más concretamente, de que eras bi? Especialmente, que aconsejarías a otras jóvenes sáficas (no hterosexuales) y, más concretamente, bis que se sientan aisladas, solas, repudiadas?

Me ayudó mucho descubrir que amigas cercanas lo eran y ver como ellas "salían del armario". Ver que no pasaba nada y llegar al punto de pensar que si ellas habían podido lograr ser quienes realmente son, yo también podría. Eso me dio fuerzas para aceptar en mi que no sólo me gustan los chicos, que soy bisexual. Y me gustaría hacerles saber a otras chicas que puedan estar viviendo algo parecido, que no están solas. No estáis solas. No os forcéis, poco a poco os daréis cuenta de que hay más chicas como vosotras, incluso en vuestro entorno cercano, y si no las redes sociales os pueden ayudar. A mí me tenéis aquí para lo que necesitéis igual que a muchas otras compañeras.


4. ¿De qué formas encuentras tú el alivio tras un día más de ser una mujer gorda bi en un mundo cisheteropatriarcal y gordófobo? ¿Es a través del arte, la escritura, el deporte, la contracultura, los lazos con otras mujeres, como tú o diferentes...? ¿Qué puedes contarnos sobre ello?

Intento que el máximo de cosas posibles me ayuden para así poder tener varias vías de escape, ahora cuento el por qué. Mi principal vía de escape es y siempre lo ha sido la música. Es mi pasión y mi sueño desde pequeñita. Intento encontrar nuevos estilos, nuevos grupos y cantantes. Escuchar música reivindicativa que me motive a seguir luchando y música que sólo me haga desconectar, pero también para mí es un arma de doble filo, pues igual que me ayuda a sobrevivir también me puede traer otros sentimientos. Así que desde que me di cuenta intento tener otras vías para escapar de todo. Veo series y películas, uso mis redes sociales fuera del activismo e intento hablar y crear lazos con otras personas como yo, sobre todo mujeres. Esto último es maravilloso.

viernes, 4 de diciembre de 2015

El bodyposi no se enseña; la gordofobia, sí

Este es un artículo de @nitamoriart, Ana Martín, sobre la gordofobia y el daño que hacen ciertas palabras y burlas. Nada más leerlo supe que necesitaba darle a esta chica un lugar donde proyectar su voz porque por su forma de escribir y lo que escribe se merece que la lean.

"El bodyposi no se enseña; la gordofobia, sí.

Iba a comenzar este artículo diciendo que siempre fui esa chica rellenita de la que se burlaban, pero no sería realmente cierto. Cuando era un bebé -un bonito bebé sonriente y gordito- no tenía estos problemas. Porque cuando eres un bebé, estar gordito es sinónimo de buena salud, pero en cuanto empiezas a andar por tu cuenta se convierte en un problema.

No he venido aquí a negar que el sobrepeso conlleve riesgos para la salud, porque sería negar mi propia experiencia y mis conocimientos como bióloga, pero sí quiero gritarle al mundo que esos problemas sólo nos conciernen a quienes los padecemos, y a nadie más. Vuestros comentarios sobre que deberíamos comer menos y ejercitar más sobran: no son por nuestro bien, son por vuestra manía de meteros donde no os llaman y sentir que estáis sanando a la gente con palabras que sólo hieren. Bromeáis sobre cómo acabará explotando aquel chico de vuestra clase mientras su corazón sufre por vuestra crueldad y no por el colesterol. Os burláis de que aquella otra chica necesitará una XLLL por sus muslos, cuando en verdad usa una XS, porque no tenéis ni idea de lo que las tallas representan. Bromeáis sobre cuántas hamburguesas comerá aquel chico que pasó andando delante de vosotros sin saber que sufre un desorden hormonal que le provoca dicho sobrepeso. Os burláis de la nueva de la clase mientras torturáis a vuestra mejor amiga recordándole que “menos mal que ya no estás así”; y ella fuerza una sonrisa y piensa en todas las veces que estuvo a punto de matarse de hambre, y recuerda a todas las amigas que se perdieron a ellas mismas en los trastornos alimenticios. Os burláis del mejor jugador del equipo por no estar “en forma” y lo hacéis por las redes sociales porque tenéis miedo de que os gane en una pelea -y no porque “os aplaste con sus lorzas”, sino porque sabéis que entrena con más fuerza que vosotros-. Os burláis de cuánto pesará aquella otra chica rolliza, cuando en realidad es la persona más ligera de vuestro instituto. Porque no tenéis ni idea. No tenéis ni idea de qué significa tener sobrepeso ni de la diferencia que existe entre eso y tener una constitución física gruesa; no tenéis ni idea de lo que las palabras pueden hacer en una persona, y os escudáis en vuestra patética “libertad de expresión” mientras miles de mujeres vomitan los únicos 4 trozos de manzana que se aventuraron a comer en 48 horas; os disculpáis alegando que somos demasiado sensibles mientras os reís sin parar porque el chico con el que os metíais ha reunido el suficiente valor como para apuntarse a un gimnasio a ver si así cesan vuestras burlas.

Generáis un grandísimo problema y tenéis después la cara dura de decirnos que para liberarnos deberíamos poner en el punto de mira a las chicas delgadas, cuando ellas no tienen ninguna culpa. Dejad de decirnos que luchemos para que hagan las tallas más grandes y empezad a aceptar que existe un grandísimo abanico de números y no todos podemos encajar en una 38 porque no todos medimos lo mismo.

Hoy escribo esto para todas aquellas chicas que no tuvieron amigas lo suficientemente empáticas como para decirles que no estaban gordas, o para decirles que lo estaban y aun así eran preciosas. Escribo esto para todas aquellas personas que tuvieron que aguantar a sus padres martirizándoles en las comidas familiares instándoles a dejarse el postre. 
Escribo esto para todas aquellas chicas a las que nos prohibieron usar tirantes, shorts y palabras de honor para no ofender a una sociedad incapaz de ver nuestra carne sin poner cara de ir a vomitar. Escribo para todas aquellas personas que tuvieron que aguantar una y otra vez el “no encontrarás a nadie que te quiera si no adelgazas”. Escribo para todas aquellas personas que fueron rechazadas por su cuerpo -y no de buenas maneras. Esto es para vosotros: ni vuestro peso ni vuestra constitución física -y mucho menos los comentarios ajenos- determinan ni vuestra belleza ni vuestra valía. Porque el canon de ahora nos odia, pero hace 200 años habríamos sido hermosas -y hermosa no habría sido sólo una forma bonita de decir “gorda”, sino que habría significado “bella” de verdad-; los artistas habrían querido pintarnos o esculpirnos, y la exhibición de nuestros cuerpos habría sido motivo de admiración en lugar de vejación. Escribo para deciros que podemos dejar a nuestros adipocitos tragarse todos esos odiosos comentarios y quemarlos como la grasa que nos hizo sentir mal. Podemos llevar la ropa que queramos. Podemos sentirnos fuertes y sexys. Podemos escupirles a los que usan el “gordibuena” como halago y hacerles saber que nuestro grosor no nos impide ser bellas, que no necesitamos sus etiquetas. Porque no es mi imagen la que ofende: son sus palabras.


Ana Martín"