sábado, 20 de octubre de 2018

Sol, el cole... y los libros.

En inglés, existe la expresión “get me through”, que significa que algo “me ha sacado adelante”; pero a mí me gusta mucho más la traducción literal, algo “me ha llevado a través”. Los libros me “llevaron a través” del maltrato escolar (qué innecesario se me hace llamarlo “bullying”, como si se tratara de un fenómeno ajeno al que hemos de darle nombre en otra lengua); porque todavía no sé si ya estoy “adelante”, pero “a través” sí que pasé, estoy vivita y coleado a mis veinte años para veintiuno.

Y es que yo sé perfectamente que, de pequeña, la infelicidad y, me atrevería a decir incluso, la depresión ya enraizaban en lo más hondo de mi ser. Mucho antes del colegio, quiero decir; por las noches me echaba a llorar silenciosamente en la cama imaginándome la muerte de mis padres, que me dejaría huérfana a tan temprana edad. En la guardería, me costaba relacionarme con los otros niños y prefería relacionarme con las profesoras. ¿Genética o un entorno del que apenas conservo recuerdos, claro, puesto que era tan pequeña?
No lo sé, pero sí que recuerdo muchos detalles que a la mayoría de adultos de mi alrededor les pasaron desapercibidos de mi entorno a partir de los ocho años o así. Recuerdo cómo empezó todo: yo era una niña solitaria y con la mirada vuelta hacia dentro, que ya entonces se refugiaba en el patio del colegio de su miedo a interactuar con el resto de niños, sumergida en un libro en una esquinita. Cuando otra niña comenzó a acercarse a mí trayéndose sus propios libros al recreo, acabé jugando con ella y con sus amigas.

Años más tarde, no puedo dejar de revivir este suceso como el comienzo del fin, como la semilla del mal; y sí, llamadme exagerada, pero a día de hoy sigo sin poder entrar en un aula de la Universidad sin mentalizarme previamente de que no, nadie me va a pegar, nadie me va a humillar, nadie me va a hacer luz de gas y aun así, no voy casi a clase y cuando voy a veces me derrumbo literalmente y me tienen que levantar del suelo mismo.
El caso es que, en aquel inocente primer juego con las otras niñas, una se empeñó en que teníamos que coger un medio de transporte imaginario que yo no quería coger. Ponedle que la niña quería ir en un coche fantástico a donde fuera y la otra niña, yo, quería coger un autobús igual de fantástico. La discusión, tan nimia, tan trivial, acabó encendiéndonos a las dos; cuando le conté a mi madre lo insistente que se había puesto aquella niña, me dijo que le dijera algo así como que no podía tener razón siempre. Al día siguiente, yo, obediente, se lo comuniqué; la conversación acabó con ella diciéndome que mi madre era malvada y que la iban a denunciar y a meterla en la cárcel. Fue tan cruel y me lo dijo tan seria que creo que me eché a llorar, pero como la mayoría de los recuerdos de aquella época, se trata de un fragmento borroso de mi memoria y no sabría decirlo con exactitud.
Ahí, sí, ahí empezó todo. Recuerdo que se metían con mi ropa, y mis padres se fueron de viaje y me trajeron una chaqueta muy cara, y a mí me daba muchísima vergüenza ponérmela porque a las niñas les parecía una horterada. Recuerdo que se comían mi almuerzo, ay, qué chiste, qué de episodio de serie cómica en que todos nos reímos cuando los “bullies” devoran la comida del chaval vapuleado; pero lo peor no era eso, lo peor era que luego se enfadaban seriamente conmigo porque “me lo había comido todo yo”. Creo fervientemente que estos episodios de mentirme repetidamente sobre la realidad y culpabilizarme por cosas que no había hecho han jodido seriamente mi capacidad de percepción de lo que sucede a mi alrededor.
Supongo que debería contar también cómo aquella niña me pellizcaba, o cómo su amiga me pegaba cachetes; o cómo, una vez que estábamos en casa de la otra amiga a la que le hacían la vida imposible como a mí, estropeé sin querer la persiana intentando bajarla y acabé en el suelo, sin gafas y recibiendo patadas. Fue ya de más mayor cuando me echaron tierra en el pelo por negarme a insultar al niño con el que los chicos de clase se ensañaban a su vez. Pero es que estoy cansada de enumerar vehementemente todos estos episodios de violencia física para sentir, de una vez por todas, que mi historia no es la historia de una exagerada. Y aun así acabo de hacerlo igual.

Podría escribir páginas y páginas sobre la forma en que este día a día de humillaciones que se extendieron durante un periodo de aproximadamente tres años me han jodido la salud emocional. La personalidad, incluso. Porque tengo diagnosticado un trastorno límite de la personalidad. Porque, hasta hace poco, me asustaba (aunque por supuesto me dejaba hacer de todas formas, qué es eso de poner límites) que mis parejas sexuales me rozaran el cuello porque aquellas niñas me inmovilizaban de ahí por aquel entonces.
Y no quiero ser maniquea. Yo sé que no es culpa suya que yo haya vivido ya varios intentos de suicidio, ni que me medique, ni que no pueda contar la cantidad de pasta que se han fundido mis padres en atención psicológica desde que tenía quince años; porque otras personas viven realidades similares o mucho peores y se desarrollan de forma relativamente sana, conocen mucho mejor la estabilidad emocional. Pero sí que estoy enfadada. Y con quienes más enfadada estoy no es con ellas, la verdad.
Quizás porque siempre fueron mis amigas. Quizás porque lo que más me ha jodido es que no eran mis enemigas, no eran niñas que me marginaran y persiguieran, sino niñas que cuando no me estaban maltratando me daban besos, me abrazaban, me hacían magníficos regalos de cumpleaños y jugaban conmigo. Eran mis amigas. Y supongo que eso no es sino parte del maltrato, y es por eso que lo llamo “maltrato” en vez de “acoso”; porque eran mis amigas, mucho más que mis acosadoras.
Pero decía que no son ellas con quienes más enfadada estoy. Y es que ahora mismo con quien más enfadada estoy no es con nadie, porque por fin siento que he cerrado heridas y pasado páginas; pero durante mucho tiempo, por mucha vergüenza y pena que sintiera al confesármelo a mí misma y a mis psicólogas, era con mis padres y con los profesores con quienes más enfadada estaba. ¿Cómo no te dabas cuenta? ¿Cómo, si te dabas cuenta, no me sacabas del colegio o llamabas al director para quejarte?
Hay que tener en cuenta que, cuando yo tenía seis, siete, ocho años; el fenómeno de los malos tratos escolares no tenía ni de lejos la visibilidad y la repercusión que tiene ahora. Yo no conocía ningún caso de colegios y familias multadas porque unos alumnos les hicieran la vida imposible a otros; en mi clase, con uno se metían por gordo, con otro por listo y por gafotas, y a mi amiga y a mí nos pasaba lo que nos pasaba no sé yo bien por qué. Y nunca pasó nada.
Pero aun así, durante mucho tiempo he guardado tantísimo rencor a quienes, como lo he sentido yo mucho tiempo, deberían haberme cuidado y no lo lograron. Yo no me he sentido protegida, no, nunca me he sentido protegida de un peligro mucho más real que los enchufes o las escaleras empinadas; y es ahora cuando entiendo lo difícil que es proteger a una niña que no llega a casa con verdugones en la espalda y en la tripa, que llega con lágrimas en los ojos y ganas de no volver al cole nunca más. Pero me ha costado entenderlo. Me ha costado mucho.

Por eso, aunque este no fuera el propósito inicial de esto que estoy escribiendo, nos pido por favor a todos y todas que escuchemos a la infancia. Porque a mí me hacían la vida imposible en el cole. Pero de otras abusan sexualmente sus padres, sus tíos, sus abuelos, los amigos de la familia más cercanos y de confianza. Si no escuchamos a la infancia ¿cómo vamos a construir vidas adultas de cercanía y confianza verdaderas? Como leí una vez, “eduquemos a niños y niñas que no tengan que recuperarse de sus infancias”.

Y supongo que, ahora que ya he vomitado todo esto que todavía no había logrado poner por escrito, puedo hablaros por fin de los libros. De cómo me “llevaron a través” de los malos tratos en el cole.
No tengo claro a qué edad aprendí a leer, pero supongo que a la habitual. Sí sé que les estaré eternamente agradecida, a mi padre, por inventarse historias para mí antes de dormir; y a mi madre, por conseguirme cuentos de todos los tipos y leérmelos a todas horas. He crecido rodeada de libros. He crecido rodeada de curiosidad y de ganas de saciar esa curiosidad, aun sabiendo que responder a una pregunta sólo traerá otra más complicada todavía; he crecido con “El Porqué De Las Cosas”. Y además, he crecido con “El Color de Nuestra Piel”, aquel libro sobre los distintos colores que puede tener la piel de las personas; y otros tantos que plantaron en mi interior las semillas de una vida que hace mucho que quiero dedicar a luchar y construir por la igualdad y la libertad verdaderas.
Así que recuerdo muy bien, mucho mejor, la verdad, que todo lo que pasaba en el colegio; aprenderme de memoria fragmentos de cuentos y libros de tanto leerlos y escucharlos a todas horas. Recuerdo las ilustraciones, y las cubiertas machacadas, y las esquinitas dobladas de las páginas. Pero, sobre todo, recuerdo Matilda.

Matilda, escrito por Roald Dahl e ilustrado por Quentin Blake, es el libro que cuenta la historia de una niña a la que sus padres no le hacen ni caso y además tratan muy, muy mal; y cómo empieza el colegio, cómo se venga de una directora igual o más malvada que su familia, y cómo toda la magia que brota de las yemas de sus dedos y le permite, en definitiva, construirse esa vida mejor va acompañada siempre de la pura magia de las páginas.

Y ha sido hoy cuando me he encontrado por casualidad con un fragmento de Matilda rondando por Internet. Y ha sido hoy cuando me he decidido a escribir esto. Porque la vida que me estoy construyendo ahora mismo se la debo a los especialistas que me han tratado bien y que me apoyan psicológicamente, a mi familia que me quiere y que me cuida en mi día a día y a esas personas que no son familia, pero que casi (y a mí misma, por supuesto).

Pero la vida que por unas horas me sacaba de aquella rutina de vestirse, desayunar, lavarse los dientes, darle un beso a mamá y que papá nos lleve al cole a mi hermana pequeña y a mí, de la mano, cantando alegremente; para acabar llorando al irme a dormir esa noche porque mañana vuelvo al cole otra vez… esa vida libre de daño y de dolor que, estoy segura, me enseñó el valor de la esperanza y de la ilusión se la debo a los libros.

Así que quizás por eso estoy tan, tan contenta de estar volviendo a ellos, años después de que la depresión se entrometiera entre mi capacidad de concentración y mis ganas de vivir y yo, para poder agradecerles con mi tiempo y mis ganas todo lo que siempre, siempre, siempre; han hecho por mí.

jueves, 18 de octubre de 2018

Entrevista: Abbey C, poeta y YouTuber


Os traigo una entrevista con Abbey C, poeta y YouTuber. Cuando le preguntan qué es, dice que poeta. Más técnicamente es Abbey, aunque ese no es su nombre de nacimiento pero sí es su nombre de verdad. Nació en un año que siempre le ha gustado cómo suena, 1994. Fue en Murcia, al sureste de España, ese es su hogar vaya a donde vaya. Estudió periodismo porque le gusta comunicar.
Lo que más le gusta en el mundo son los sentimientos, ver cómo se provocan, provocarlos, que se los provoquen y escribir sobre ellos.
Después de mundo tiempo, tiene amigos que le llenan de verdad y aprende de ellos cada día.
Su misión en el mundo es no provocar daño al mundo, quiere que a la naturaleza no le pesen sus pasos, así que cada vez intenta cuidarla más.


·Eres poeta, estudiaste Periodismo y tienes una fuerte presencia en redes

sociales. ¿Qué querías ser de pequeña cuando fueras mayor, y qué crees que
pensaría la niña que un día fuiste de ti?

A los 14 años quería salir en la tele haciendo bromas. No sé qué ha podido pasar.
Fuera bromas, encontré mi vocación a los 17 años. Aunque llevaba muchos más
escribiendo, fue a esa edad cuando me hicieron una entrevista para el periódico y me
di cuenta de que con lo que escribía, podía hacer muchas más cosas fuera que dentro de
casa.

·¿Cuándo empezaste a escribir, y qué ha supuesto la escritura para ti? Pero,
sobre todo, y de una poeta a otra poeta ¿cuál crees que es la función de la poesía
en el mundo?

Empecé a escribir a los 8 años y siempre me encanta contar por qué. Mi madre es
poeta, y siempre la veía escribir por las noches, hasta que un día le pedí un papel y
lápiz porque yo también tenía un cuento que contar. Mi madre me dio la vida y la
poesía.
La escritura me define como persona, la mayoría de mí es poeta, no tendría una
identidad si no escribiera.
Mientras el resto de cosas en el mundo nos enseñan cosas sobre lo que mostramos y
tenemos por fuera, la poesía se centra en lo de dentro.

·Has escrito el libro “Mensaje urgente a mis momentos contigo”. ¿Qué ha
supuesto para ti el proceso de escritura y publicación? ¿Qué crees que es lo más
importante que dice tu libro de ti?

Hacer el libro me ayudó a definir mi estilo al escribir. Todos lo poemas anteriores a él
ahora los siento incompletos, sin embargo los que están en él me parece que tienen
un sentido conjunto.
Cuando me ofrecieron publicar un poemario, decidí que iba a escribirlo de cero,
todos los poemas los escribí en el mismo período de mi vida y por eso el libro habla
muy bien de mí en ese momento. No sabría decirte qué es lo más importante, creo
que lo que más se entiende es que mi vida la componen personas, hasta de las
ciudades hablo como si fueran personas.

·Después de un tiempo siguiéndote en redes sociales y viendo vídeos tuyos, la
impresión que me he llevado siempre ha sido de que le das una vital importancia
a la inteligencia emocional, así como a la sensibilidad y la capacidad de ponernos
en la piel del otro. ¿Cuáles son para ti los valores necesarios para construir una
sociedad mejor, y qué crees que podemos hacer cada persona para participar de
la creación de esta otra sociedad?

Últimamente no paro de pensar que tendríamos una sociedad sana si tuviéramos una
sociedad empática. Creo que la empatía es lo más sano que puede construir a un ser
humano, la empatía no deja lugar a la indiferencia frente a otros, no deja lugar a la
insensibilidad, neutralidad, desinterés o el desprecio. Imagina una sociedad sin todo
eso.
Individualmente tenemos que trabajar más este aspecto.

·Hablando de la inteligencia emocional ¿qué le dirías a una persona que quiera
cambiar su forma de habitar y vivir en este mundo, que quiera tener más en
cuenta sus propias emociones pero también las de los demás? Es decir ¿cuál crees
que es la clave para ser mejores personas con nosotros mismos y con el resto?

Sigo en relación con la pregunta anterior. Cada persona debería plantearse durante
una semana por qué hace cada cosa que hace y cómo repercute al resto, y cuando
hablo “del resto” no solo hablo de personas, si no de animales y del planeta. ¿Por
qué uso esta bolsa de plástico pudiendo usar una de tela y así contaminar menos?
¿Por qué uso la expresión “que te den por culo” para situaciones con connotación
negativa cuando para algunas personas homosexuales esa acción es algo normal y
bonito dentro de su vida?
Tenemos muchas cosas implantadas en nuestra cabeza que son incorrectas. Nos
enseñan expresiones y prácticas que son dañinas para otros, y deberíamos
implicarnos en cambiarlo. Pero también nos han enseñado a ser cómodos, y claro, los
cambios nunca son cómodos, aunque a la larga mejoren nuestra vida y la de otros.

·Nuevamente, como poeta, no sé qué sería de mí sin todos esos otros poetas que
me inspiran día tras día y que tantas veces me salvan a través de sus versos.
¿Quiénes son los poetas y escritores en general que más te inspiran a ti, y qué le
recomendarías leer a alguien que por primera vez se atreve con la poesía?

A mí me inspira muchísima gente, desde todas las personas que escucho en los micros
abiertos de poesía, hasta poetas que sigo por instagram, como también los poetas
que están en formato libro en mi estantería.
Para empezar siempre recomiendo a Mario Benedetti y a Silvi Orión. Benedetti es una
poesía del siglo pasado, bonita, tierna, fácil de leer; Silvi es una poesía actual,
rebelde, sin normas. Creo que es una mezcla explosiva.

·Por último, y esta vez, de una mujer a otra mujer: ¿qué piensas de nuestra
situación actual, tanto en el mundo del arte como en la sociedad en general, y
qué ha de suponer para ti el auge de los movimientos feministas del que estamos
siendo testigos?

Esta pregunta tiene una respuesta demasiado extensa.
Todo lo que sea dar a la mujer el lugar que merece tener, todo lo que sea acabar con
la represión que sufrimos, con los roles de género que cargamos y con el techo de
cristal contra el que nos chocamos constantemente, todo lo que luche contra eso me
parece más que bien.
El movimiento feminista actual está destruyendo muchísimas cosas, a mi me
deconstruyó por completo y ahora me asumo de una manera mucho más sana y
segura. Parte de mi estabilidad emocional es gracias al feminismo. Esto lo ha hecho
con muchísimas más personas, con muchísimas más artistas, así que el resumen es
que ojalá el futuro sea feminista.

martes, 2 de octubre de 2018

Entrevista: Ambar IL, superviviente de abusos sexuales en la infancia y activista

Os traigo una entrevista con Ambar IL, superviviente de abusos sexuales en la infancia y de sus consecuencias y activista. Es superviviente de abusos sexuales en la infancia y de sus consecuencias.
Desde hace trece años intenta visibilizar y concienciar, con su propia historia, que los abusos sexuales en la infancia existen, más cerca y con más frecuencia de lo que la sociedad quiere creer, que conllevan secuelas y que tienen consecuencias importantes en la vida de quien los sufre.
Afortunada de poder contarlo y de haber llegado hasta aquí a pesar de todo.


·Eres superviviente de abusos sexuales en tu infancia, y de sus consecuencias. ¿A qué te refieres con “sus consecuencias”? Es decir ¿qué tan graves pueden llegar a ser los efectos a corto y largo plazo de sufrir abusos sexuales de niña?

Las secuelas y consecuencias son otra de las caras del abuso sexual que van más allá del hecho físico. Mi lucha es, desde que empecé hace 13 años con el que fue mi nacimiento en esta causa con mi primer blog “Abusos en la Infancia, ¿por qué?”; dar a conocer, visibilizando y concienciando con mi propio testimonio, varias de las secuelas y consecuencias de esos abusos. Son gritos silenciosos que no se oyen, no se escuchan y es verdad que en un alto porcentaje no quieren escucharse; pero también ocurre que estos gritos no saben interpretarse y pasan completamente desapercibidos por el entorno de la víctima, por la mayor parte de la sociedad que con ello obliga a la víctima, de manera involuntaria, a naufragar a la deriva de su propia vida en la más completa soledad.
Sí, los efectos a corto y largo plazo pueden ser desde moderados hasta graves y muy graves. Existe, entre tantos otros tópicos típicos socialmente arraigados, la socorrida idea de que con los abusos, una vez acaba el acto físico, sexual, hacia la víctima; ya ha terminado todo y a otra cosa, que esto es como una gripe, se pasa y se olvida. No, no se olvida. De hecho yo siempre constato, al menos bajo mi experiencia y la de cientos de supervivientes que conozco, que no se olvida, se aprende a vivir con ello. Sí es cierto que muchas víctimas, durante años incluso,  de manera inconsciente, borran de su mente el suceso para evitar convivir con ese dolor y poder seguir con sus vidas. A este hecho se le denomina amnesia disociativa. Pero después puede reaparecer, como de hecho nos sucede a muchos supervivientes, de manera imprevisible y por algún detonante repentino vuelve a tu memoria de manera gradual o completa todo el suceso y los detalles del mismo. Convivir con las secuelas y consecuencias que tienen en tu vida los abusos sexuales es una ardua tarea que conlleva mucho desgaste emocional, físico y/o psicológico en una mayoría de casos. Y no son sólo secuelas psicológicas las que dejan los abusos, son también físicas. Hay muchos casos de fibromialgia en supervivientes ¿es casualidad o consecuencia? La alta y estrecha correlación de los abusos sexuales en la infancia con tantas secuelas psíquicas y físicas debería ser causa de preocupación y de abordaje de manera prioritaria. Es necesario visibilizar todas estas secuelas, estas consecuencias; porque nos afectan no sólo a los supervivientes sino a toda la sociedad. Bajas laborales, gastos médicos, psico-comportamientos (algunos delictivos) que influyen social y económicamente.
Siempre acabo las entradas de mi primer blog con una frase que creé porque me pareció totalmente coherente con esto que comento: “Cada abuso que evitamos, son muchas vidas que salvamos”.


·Sin embargo, haría énfasis en la elección de la palabra “superviviente” en vez de sólo “víctima”. Eres una superviviente. ¿Podrías contarnos, entonces, cómo ha sido tu proceso de recuperación, de sanación si es que podemos llamarlo así, y cuáles crees que son las herramientas, las ayudas necesarias para recuperase de los abusos en la infancia?

Como siempre digo, no se superan, se aprende a vivir con ellos y a que condicionen tu vida lo menos posible. ¿Podemos llamar sanar a este hecho? Sí, por supuesto, hay quien llama sanar a esta actitud. A mí personalmente me gusta más “aprender a vivir con ello y que me condicione lo menos posible” porque sanar lo entiendo como una recuperación total de algo que ha afectado a nuestra salud física y/o mental y en este caso, cuando has sufrido abusos, violencias sexuales en tu infancia y/o adolescencia; la recuperación total, yo al menos la considero imposible.
Me considero superviviente por haber sobrevivido a unos actos que cometieron con mi persona, en mi infancia y adolescencia, de los que fui victima en ese momento. Una vez pasa el hecho físico empieza la otra difícil tarea de vivir con todo ello en tu haber, en tu mente, en tu día a día y a eso se le llama sobrevivir. Has sobrevivido a un acto horrible pero tienes que seguir con tu vida como puedas, por lo tanto estás sobreviviendo, eres un/una superviviente.
Mi proceso de aprender a vivir con ello ha sido muy largo y lento. De manera progresiva he ido superando etapas, conseguí escapar del sistema prostitucional sola, conseguí, después de que los proxenetas me iniciaran en la cocaína, sólo tomar durante un año y medio y dejarla completamente, conseguí erradicar la anorexia y la bulimia severas que he sufrido durante 20 años sin ayuda profesional porque realmente, aquí también soy crítica, no supieron tratar el tema del trastorno alimentario que sufría desde el trauma previo, solo desde el aspecto físico y la autoestima, craso error en muchos casos. Sobreviví a un intento de suicidio grave y conseguí nunca más sentir ganas de volver a intentarlo, a pesar de todo. Conseguí escapar de relaciones de pareja tóxicas y de violencia de género que en varias ocasiones había sufrido. He aprendido a que el estrés postraumático complejo que tengo crónico, por todo lo vivido, me condicione lo menos posible en mi vida. Una mezcla de fuerza interior y ganas de vivir a pesar de todo, un poco de amor por ti misma que aparece un día de la nada y la creencia, aunque sea pequeña, de que un día todo cambiará. Esa quizá es la fórmula para seguir adelante y como digo ir superando etapas, poco a poco y alejarte de lo que te daña y te lastra.
Es importante, cuando te quitan todas las herramientas psicológicas y emocionales, volver a adquirirlas. Cierto que lleva mucho tiempo el lograrlo, que es algo que se va consiguiendo de manera paulatina y progresiva, que depende de muchos factores personales y, en muchos casos, hace falta apoyo externo.  La diferencia entre una víctima de abusos con apoyo en un inicio a otra que no lo tiene es muy considerable. Pero si se carece de ese apoyo, entre las que me incluyo y como ha sucedido a muchos supervivientes, sí es cierto que es más complicado avanzar en tu reconstrucción, tu proceso es más largo y queda, de alguna manera, supeditado a tu propia fortaleza interna; que ya es una cuestión muy personal e innata de cada individuo. Puede también que aparezca un apoyo a última hora y de manera inesperada y que esa mano (metafórica o real) donde te puedas agarrar sea la que te dé el último impulso para dar el paso más grande.
Como digo, es una mezcla de factores, de variables que dependerán mucho de tu propia personalidad, de factores externos y de circunstancias diversas.


·Eres activista en redes sociales, visibilizando y concienciando sobre tu historia. ¿Cuáles crees que son las medidas necesarias, políticas y sociales, que se deberían tomar desde las instituciones para prevenir algo tan doloroso como lo son los abusos sexuales a niños y niñas? ¿Y cómo podemos actuar las personas adultas si sospechamos que alguien está abusando de un niño o una niña de nuestro entorno?

Para empezar, hay una clara deficiencia, desidia, dejadez en prevención, visibilización y concienciación acerca de este tema. Partiendo de esta base, todo lo demás es una ardua tarea que debemos hacer o que estamos haciendo, en la medida en que cada uno puede y según en qué fase de su propio proceso esté, los supervivientes o personas sensibilizadas con la causa.
Los gobiernos deberían ponerse las pilas con este tema, lanzar campañas continuadas, no de manera esporádica sino de manera contundente, repetitiva y mediática. Protocolos de actuación, enseñanzas de estos mismos protocolos y también, muy importante, prevención a nivel social y educativo para adultos y para la propia infancia. Que haya verdadera concienciación de los comportamientos de una niña o niño susceptibles de que esté siendo o haya sido víctima de abusos, especialización por parte de profesionales de atención sanitaria, de salud mental, de trabajadores sociales, jueces, abogados, etc. Todo el sistema que envuelve a un acto como este, empezando por las propias familias (aunque en una mayoría de casos es de donde procede el agresor), los centros educativos, la justicia y la propia sociedad.
Si una persona adulta sospecha de que una niña o niño está siendo abusado se puede indagar    intentando evitar la re-victimización del menor, mediante el análisis de sus dibujos. Intentar hablar con el niño o niña, pero como digo, hay que tener mucho cuidado para no re-victimizarlo y que deje de hablar por el dolor que le supone contarlo. Iniciar un protocolo de actuación que, aunque no sea muy específico, puede derivar, de alguna manera, en la ayuda adecuada para el o la menor. Hablar con profesores, con la familia, pero teniendo en cuenta que el agresor puede estar también en uno de estos dos ámbitos, por lo que es un tema que hay que tratar con mucho cuidado, todos los pasos que se den deben ser muy cautelosos porque puede suponer una re-victimización para la niña o niño.
Por eso es tan importante que se atienda ya este tema, que se inicien e instauren protocolos de actuación, que se fomente la prevención, la visibilización y la concienciación de este tema, para poder saber ver, intuir los comportamientos que pueden ser sospechosos tanto en una niña o niño abusado como en un adulto agresor y que la propia infancia esté informada y pueda identificar si está siendo víctima de abuso sexual. Tanto a mí como a muchas niñas y niños nos ha sucedido que al no conocer este tema, al no saber qué nos estaban haciendo, no reconocíamos que estábamos siendo víctimas de abusos sexuales. Entre la manipulación psicológica a la que te somete el agresor y la carencia de información antes y por desgracia en la actualidad, se da el cóctel idóneo para el silencio de las víctimas y la impunidad de los agresores.


·El feminismo, o los feminismos, llevan mucho tiempo peleando contra la llamada cultura de la violación, abogando por los derechos de las supervivientes y, antes incluso, por una educación feminista, antipatriarcal, que prevenga que las mujeres en particular y cualquiera en general sea víctima de estos. ¿Cuál es para ti el papel de la lucha y la organización política feministas en lo que se refiere a la lucha contra los abusos sexuales en la infancia? ¿Crees que se afrontan de forma adecuada y efectiva los casos de abusos sexuales a niños y niñas por parte de teóricas, activistas, mujeres y personas feministas?

Bueno, en este tema soy un poco crítica, porque veo varios sectores del feminismo que no están por la labor de proteger a la infancia, como sector altamente vulnerable. Reconozco que, al igual que hay sectores del feminismo que parece que no lo tienen muy en cuenta; hay otros que sí se están involucrando de manera activa en esta lucha y empiezan a aunar sus fuerzas para empezar a abordar esta lacra. Las mujeres son vulnerables, la infancia también. Entre esta infancia están las futuras mujeres del futuro, los futuros hombres. Si partimos desde esta base, si educamos, si protegemos, si hay una ayuda previa en todos los niveles a esta infancia... ¿hasta qué punto no estaríamos creando nuevas generaciones de mujeres y hombres no traumatizados por estas violencias, en el respeto y en una igualdad de condiciones y derechos? El feminismo debería ser también una fuente de protección a la infancia, a estas niñas futuras mujeres, a estos niños futuros hombres.


·En los últimos años, han salido a la luz múltiples casos de abusos a niños varones a manos de cargos de la Iglesia Católica. ¿Crees que un posible un cambio en la organización eclesiástica para apoyar de pleno a las personas supervivientes y cortar por lo sano con las políticas de encubrimiento y culpabilización que amparan a quienes abusan, y si es así, en qué consistiría para ti este cambio?

Creo que la institución eclesiástica es como la de las familias, se ampara en la ley del silencio, del encubrimiento, de la protección al agresor, que no a la víctima, la que como siempre, queda relegada a la marginalidad e invisibilidad, completamente sola; sin ningún tipo ni de ayuda ni de protección, ni física ni psicológica.
Un cambio sería dejar este encubrimiento, denunciarlo, no permitirlo, hacerlo público más aún de lo que se está empezando a llevar a cabo; pero no sólo por los medios de comunicación o por las propias víctimas cuando reúnen la fuerza para romper el silencio, sino por ellos mismos, por los mismos que componen y forman parte de la iglesia, que son los primeros que deberían posicionarse en contra de los que cometen estos atroces actos, aunque formen parte de su propia institución. Cuando se silencia y se encubre pasan a ser cómplices, al igual que sucede, repito, en las familias donde existen casos de incestos. A la Iglesia le ocurre como a la familia, son instituciones que, socialmente, desde hace siglos, nos han vendido como entidades protectoras y cuidadoras cuando, obviamente, está demostrado por muchos factores que tanto en una como en otra habitan dentro de las mismas lobos con piel de cordero que pueden destrozar no sólo infancias, destrozan vidas enteras. Y va siendo hora de que realmente empecemos a llamar a las cosas por su nombre y seamos coherentes con la verdadera naturaleza de muchos de los que forman de estas dos social y culturalmente consagradas instituciones. Cuando supuestamente Jesús dijo: “dejad que los niños se acerquen a mí”, no creo que se refiriera a ese tipo de acercamiento. La iglesia debe posicionarse de una vez en contra de los que atentan contra tantas infancias, contra tantas vidas y contra lo que supuestamente promueven sus propias creencias.


·Cuando salen a la luz estos casos, se habla mayoritariamente de niños varones. Los feminismos deben, desde mi punto de vista, abogar por la protección de todos los seres vivos pero, especialmente, de las mujeres y de la infancia, pues somos de los sectores más vulnerables y violentados de la población. Pero ¿hay un factor de género a tener en cuenta cuando hablamos de mayor vulnerabilidad en la infancia, y crees que se abordan o se deberían abordar de igual manera los abusos sexuales a niños y a niñas?

Sí, deben abordarse de igual manera, la infancia es vulnerable de por sí, al margen del género. Y conozco bastantes supervivientes hombres, por parte de la iglesia y por parte de su propio entorno cercano. También es cierto que si a una chica, a una mujer le cuesta hablar de esos abusos, de esa violencia sexual que sufrió, el estigma, la vergüenza que acompaña a un chico, a un hombre superviviente es mucho mayor; por lo que mantienen el silencio acerca de lo ocurrido mucho más tiempo incluso que las supervivientes mujeres.
Es verdad que las niñas, por la propia educación patriarcal socialmente establecida desde hace siglos, nos vemos más expuestas, más presionadas, más cosificadas, más agredidas ya desde la infancia por el simple hecho de ser niñas. Yo muchas veces me pregunto, si en vez de nacer niña hubiera nacido niño... ¿mi abuelo hubiera abusado también de mí? ¿Hubiera tenido tanto interés en arrancarme de los brazos de mis padres para llevarme a vivir con él?


·Recientemente ha habido mucha polémica relacionada con el eterno debate feminista de la prostitución o el trabajo sexual. Tú, que eres superviviente del sistema prostituyente ¿qué puedes contarnos sobre la mayor vulnerabilidad de las supervivientes de abusos a acabar en las redes de este sistema, y cuáles crees que son las políticas feministas que deberían ponerse en funcionamiento en lo que se refiere a la prostitución o trabajo sexual?

Como superviviente de abusos en mi infancia pero también de trata y prostitución, en mi activismo siempre, siempre, hago un fuerte hincapié en la estrecha correlación que guardan los primeros con la entrada en el sistema prostitucional.  Entre un 85-90% de mujeres en situación de prostitución tienen en sus historias situaciones de abusos y violencias sexuales y/o maltrato en sus infancias y/o adolescencias. Yo misma soy un testimonio de esta realidad, todas las compañeras que conocí esos años en la prostitución, tanto como víctima de trata como cuando estuve de manera autónoma, todas, habían sufrido episodios reiterados de abusos sexuales siendo niñas y/o adolescentes. Siempre, cuando se habla de abolicionismo remarco, recalco la necesidad de abordar este tema, de erradicarlo, puesto que parece invisibilizado por muchos sectores no sólo sociales si no también dentro del propio feminismo. Cierto es que ya parece que se va teniendo en cuenta y estoy empezando a escuchar algunas voces dentro del feminismo que, parece, están por la labor de abordar esta lacra.
Sólo habría que plantearse, si realmente se abordara este tema, si realmente hubiera políticas de prevención, visibilización, concienciación que consiguieran ir erradicando los abusos sexuales en la infancia ¿no nos encontraríamos con generaciones de niñas y niños no traumatizados y evitaríamos así, además de las consecuencias y secuelas derivadas de los mismos, que muchas niñas fueran susceptibles de ser prostituidas o de prostituirse?
Pienso que mi teoría no es tan descabellada y que valdría la pena como sociedad ser coherentes con la realidad y empezar a abordar lo que tanto daño nos está causando hasta ahora y a lo que tan poca importancia le estamos otorgando.


·Por último, me gustaría hacerte una pregunta, si cabe, algo más personal, algo más íntima. Si tuvieras que compartir unas pocas palabras con todas esas ahora víctimas, un día supervivientes, que quizás no atisben la esperanza en su futuro, que todavía no han salido o no las han sacado ¿cuáles serían tus palabras para ellas?

Sinceramente, en los momentos en que más hundida me encontraba dentro del sistema prostituyente y fuera de él, no me hubiese valido de nada lo que me hubieran dicho. No tienes fuerza para salir, normalmente estás abandonada emocional y físicamente, eres muy vulnerable y entras en un círculo vicioso y no suele haber nadie en quien confiar o en quien apoyarte en la mayoría de casos. ¿Consejo? No hay ninguno válido al cien por cien porque cada una viene y tiene unas circunstancias en su historia y en su vida diferentes a las demás, una fortaleza interna distinta. Es ir tirando como se pueda cada día y no perdiendo la esperanza de que el futuro puede ser mejor y que tu vida, algún día, será mejor de lo que lo ha sido hasta ahora. 
Y si yo he podido salir creyéndome incluso que era “mi libre elección” cuando estaba prostituida por trata, con anorexia y bulimia severas pesando 38 kg, tomando cocaína y con intentos de suicidio y estrés postraumático para soportarlo, ninguna de ellas es menos que yo y también pueden conseguirlo.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Entrevista: Irene Ruiseñor, poeta y activista

Os traigo una entrevista con Irene Ruiseñor (Twitter / Instagram / Blog). Se llama Irene Gallego y su alter ego es Ruiseñor. Es poetisa, guitarrista y cantautora, estudiante de Estudios Ingleses en la Complutense, además de activista feminista, LGTB y de salud mental.
Ruiseñor apareció tras meses de tratamiento en el hospital por anorexia nerviosa restrictiva y se convirtió en sus labios, que no eran capaces de pedir ayuda; Ruiseñor lo hizo a versos. 
Ruiseñor ha sido su único mecanismo de supervivencia sano. El único que no le ha dejado ni deja cicatrices, muerte y estragos en ella. Ella es la negrura, Ruiseñor la negrura plasmada en papel, intentando buscar algún retazo de blanco.


·¿Cuál es o debería ser el objetivo, o los objetivos, del feminismo en la actualidad? ¿Qué ha supuesto para ti acercarte al feminismo en tu vida, qué cambios, atisbos de nuevas realidades (o realidades que aún no conocías...)?

El feminismo se podría describir como levantarse cada día de la cama, siempre aprendes algo nuevo. El feminismo es un aprender y desaprender continuo. Sobretodo desaprender lo que esta sociedad cisheteropatriarcal nos ha grabado a fuego en la piel. Por eso (a diferencia de décadas atrás, cuando nuestras precursoras nos dieron mil avances como herencia), nuestro cometido es luchar de manera radical —independientemente del movimiento con el cual nos sintamos más identificadas—, como bien dice la palabra, de raíz, y de esa manera extraer esos cánones, roles y misoginia interiorizada, siempre de manera interseccional, apoyando a todo tipo de mujeres, sea cual sea su situación/condición. En esa parte sí que deberíamos parecernos a nuestras precursoras; el feminismo no deja de ser una lucha, y como toda lucha, ha de hacerse su hueco en la sociedad y ahí, de manera drástica, radical, hacerse oír. "Las feministas de antes no hacían tanta tontería...". Y quizá por eso deberíamos parecernos a ellas, lanzar piedras a escaparates, marear al sistema, destrozarlo y reconstruirlo desde cero. 

Gracias al feminismo he sido capaz de crecer como persona y conseguir corregir en la medida de lo posible los pensamientos de algunos de los trastornos que llevo arrastrando desde hace años, ese que no es más que el fruto de lo que la sociedad nos ha inculcado: el trastorno alimenticio. Sé que, como en la mayoría de recuperaciones de enfermedades mentales, el mérito no es más que mío, pero aprender y comprender que todo lo que me decía la televisión, las revistas, las tiendas y sus tallas, era otra manera de controlarnos. De que fuéramos otra vez la marioneta de la historia, moldeadas de manera "perfecta" a antojo de los gustos de ellos. Estoy intentando reaprender lo que se me borró de la mente desde que tengo uso de razón. Y aunque caiga mil veces sé que ya no será como la primera vez, porque ya me sé de memoria la herida y el arma que la causa, y aunque duela horrores me siento algo más "en control".

Y no solamente me ha ayudado a ver mis derrotas como una segunda oportunidad, sino también a sentir la unión entre todas las mujeres, que pasan por lo mismo todos los días, y apoyarlas, defenderlas, luchar por todas como si fuéramos una. Una contra el mundo. También me ha abierto mundos que no conocía, me ha situado en la realidad que intentan maquillar los medios de comunicación, además de hacerme lo suficientemente fuerte como para no quedarme callada ante esas situaciones. 

·Si tuvieras delante a tu yo unos años menor, en la que haya sido una de las peores épocas de tu vida ¿qué le dirías? ¿Qué le aconsejarías o le harías saber, intentando transmitirle fuerza, esperanza, acompañamiento e incluso ganas de luchar?

Primero le daría mucho, mucho amor. Sin saber por qué estoy ahogándome en soledad día tras día a pesar de estar rodeada de gente, así que le haría saber que nunca estará sola por mucho que le pese el mundo sobre los hombros. También le diría que se cuidara, que no se dejara destrozar como yo lo estoy haciendo con mis propias manos. Me gustaría hacerle saber que, aunque a mí me cueste creerlo, siempre vendrá un nuevo día para volver a empezar de cero, cada día. Que no merece sufrir ni matarse a hambre, ni hacerse daño; que merece el amor que recibe aunque le cueste sentirlo a veces. En resumen, le diría todo lo que me gustaría que me hubieran dicho y me dijeran.

·¿Cómo te diste cuenta de que no eras heterosexual y, más concretamente, de que eras lesbiana? ¿Qué le dirías una chica más joven que tú que se da cuenta de que es lesbiana y se siente sola, aislada, repudiada...?

Hasta la edad de los 16 años (tengo 19) me consideré completamente heterosexual, sin duda alguna, no porque en realidad lo fuera sino porque ni siquiera se me había planteado en ningún momento de mi vida que existieran otro tipo de parejas. Como dije antes, nunca me había ni imaginado estar con nadie de otro género, me daba miedo pensarlo, vergüenza a mí misma incluso. Cuando empecé a conocer a mi actual novia, parecía que mi cabeza hacía nudos en los pensamientos haciéndome sentir más confusa y avergonzada. Fue entonces, cuando las cosas entre ella y yo fueron a más, que me denominé bisexual. Creo que lo hice porque me daba miedo desprenderme completamente del hecho de poder salir con hombres, ¿qué pensaría mi madre? ¿Cómo me miraría si se lo dijese? Al fin y al cabo, ser bisexual, me hacía mitad "pecadora", en vez de "pecadora" entera. Así que un mes después de empezar a salir con mi novia, después de mucho tiempo dándole vueltas y sin atreverme del todo, salí del armario con mis padres, les dije que salía con mi novia y que era bisexual. Hasta hace un año y medio o así no me di cuenta que en realidad no sentía atracción por los hombres, y en realidad jamás la había sentido, desde pequeña era así, mi mínima experiencia con ellos fue simple y nada excitante. Recuerdo el tiempo en que en el colegio, cuando era chiquitita, me gustaban niños de mi clase, por el simple hecho de que eran los niños que les gustaban a todas las demás, y porque en mi mente no tenía cabida más que eso, que los niños. Mi primera pareja ha sido y es una persona de mi mismo género, lo cual me ha ayudado a asimilar y aceptar mi sexualidad y a borrar de mi mente todo lo anterior, todo aquello que está mal visto por algunos. 

Hice vista atrás, al momento en el que salí del armario como bisexual en casa, y cuando llorando y riendo a la vez tras el peso que me quitaba de los hombros le preguntaba a mi madre, que lo había aceptado verdaderamente bien:

—¿Entonces, si fuera lesbiana sería diferente? 

Ella frunció las cejas dejando ver que sí que habría diferencia. Estaba claro. Si era bisexual seguía existiendo la posibilidad para ella de que trajera a casa algún día a algún hombre. Recordando eso, me he dicho a mí misma que debía callar el hecho de que era lesbiana. Bisexual en casa, lesbiana en la calle. Es algo que me dolía completamente porque odiaba hacer eso, por el resto de mis hermanes bisexuales, por mentir poniéndome como etiqueta una orientación sexual que no es la mía.

Ahora que han pasado los años me he atrevido a afirmarle a mi madre, que sí, que solo me gustan las mujeres y me he sentido fuerte. Creo que todes deberíamos sentirnos orgulloses del mínimo avance que hagamos en cuanto a este tema, porque incluso los pequeños pasos son grandes victorias.

·Has publicado un poemario. ¿Qué suponen para ti la escritura, la poesía, tanto en el terreno personal de tu día a día (que no deja de ser, también, político) como en forma de arma política para la lucha social?

La escritura ha sido desde siempre, para mí, una manera de evadirme, tanto leyéndola como escribiéndola. Ha sido/es mi salvavidas en mis peores momentos de salud mental, siendo una herramienta a la que acudir en momentos de crisis, un espejo en el que plasmar el dolor, una manera de dejar correr la sangre sin abrir ninguna herida. Me ha ayudado a liberarme en todos los sentidos de la palabra. He sido capaz de abrir mi mente y escribir sobre cosas que dan miedo y tienen mucho estigma en la sociedad, para así poder ser de ayuda a otras personas que estén pasando por lo mismo que yo y que necesiten esa palmadita en el hombro que susurre "yo te entiendo". También para dar voz a aquelles que no pueden ya gritar o que nunca han podido, como los animales no humanos, víctimas de LGTBfobia, de violencia de género....
Creo que desde siempre la literatura ha sido un modo de mostrar la cruda realidad de manera más suave pero ácida, para así abrir ojos y cerrar bocas. 

·En cuanto al susodicho poemario ¿qué puedes contarnos sobre este? ¿Qué nos dirías para convencernos de que queramos leerlo?

«Heridas con coágulos de rimas» es el poemario que el pasado otoño salió a la venta. Es un recopilatorio de algunos de los mejores poemas de mi blog y otros inéditos. Este poemario es un espejo de mi realidad, como persona con problemas de salud mental, entre otras cosas. Hay poemas de superación de TCA, poemas dedicados a mi yo oscuro, a mi maravillosa novia, del día a día siendo una persona con TLP, además de poemas feministas. Más que un poemario es una carta para conocer los lugares más recónditos de mi ser, para averiguar todo aquello que pienso pero que no me atrevo a decir. Son poemas duros pero a la vez llenos de superación —en cuanto a los que hablan de mi intento de recuperación de la anorexia—, también muy reales, en cuanto a los que hablan de mi vida teniendo TLP. 

Es un gran sueño que estoy viendo hecho realidad, el ver publicados mis versos, y me encantaría que me leyerais. Siempre he soñado con ser escritora. Esto es más de lo que creía poder alcanzar y no pienso rendirme. Espero que pronto pueda mostraros el nuevo poemario que acabo de terminar.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Interview with the creator of the Women's Art project.

Women's Art project logo - Reworking of Ana Mendieta's work
The creator of the Women's Art project, internationally well-known and massively followed on social media, likes to stay anonymous - the project was never about her but about a lack of global and historic female representation. She comes from a background of  'DIY' (do it yourself) ethics and activism....which means tackling problem that often authorities ignore. This can mean working individually or in small communities to combat social problems or injustices. In terms of art, she felt that the mainstream gallery systems are too male centric and also too white and too Western in their promotions. Her idea was to start an online gallery to combat this elitism and Twitter is a suitable platform. Social media also is very accessible to a range of people unlike museums which can alienate some. Now, the interview! (here's the link to the interview in Spanish).


1. The Women’s Art project works as an online gallery that aims to combat the Western, androcentric elitism in art History. How did you first come to the realization that it was a necessity to create such an art project, and how has the public reacted to Women’s Art online platform? What’ve you learnt through the years of uploading the Women’s Art project social media, regarding both art History and the contemporary art scene?

In my academic life I discovered very early on that the art history I was being educated on was being defined as Western, white and male. Despite attempts to look at aspects of this bias, art by anyone else, including half the global population - women, was being treated as a minority subject. In my own time I began researching the subject. The idea to share it via social media seemed like a way to create a framework and resource for the research and to share it. I soon found that there was an audience who were interested, perhaps involving many who weren’t necessarily into tradition galleries, but just curious-which is great. What I’ve learnt is that people seem very ready for some fresh perspectives and also that women’s creative talents are boundless, innovative and often courageous.


2. When it comes to women artists, being women is not always the only source of invisibility and silencing. Multiply marginalized women artists are often used to seeing their rage and general emotionality met with an invalidating mix of misogyny and racism, ableism or transphobia. How do you think projects such as Women’s Art can help uplift the voices and artistic creations of those who can even feel alienated from mainstream feminism and the feminist art scene? Which are the specific issues multiply marginalized women artists might be facing regarding their artistic creation and subjectivities?

I start from the premise that all women are marginalised because of the fact of being women, and all have an equally valid story regarding their art and their womanhood. Within that, of course multi-layered marginalisation exists. The idea has been to represent a broad spectrum of art and ideas which in turn may indicate cultural or historic or personal meaning on the artist’s own terms. But interestingly, this has also uncovered many threads that bind women together, whether experientially or biologically, in globally shared themes and subject matter. I think social media can act as an amazingly accessible platform for many people who feel alienated from all areas of mainstream culture - if used positively. Being given space to have a voice is one of the main issues all marginalised people face.


3. You come from a background of ‘Do It Yourself’ ethics and activism. How do you think person-to-person actions and political organization in small, marginalized communities that are often portrayed as powerless or uneducated by mainstream media can fight systemic violence such as the patriarchy or white supremacy? How does this kind of political organization relate to the art scene, to you?

I think small scale activism is extremely important, so much comes out of humble beginnings. I don’t think you can change the world over night, but you can improve your own little bit of it. In terms of art it can translate into a million actions and ideas. I’ve personally been involved in creating arts events highlighting women’s art and music, multicultural arts groups, zines, banner making, refugees’ groups, girl’s music workshops, skill sharing etc…the possibilities are endless. The point is to do something if you can, rather than not. When we look at US feminist and African American artists from the 1970’s for example, people who were excluded from mainstream arts scene created their own studios, exhibitions and publicity. Well-known artists such as Faith Ringgold, Judy Chicago and Louise Bourgeois all came from that background.


4. In the last few years, we have witnessed the highlighting of past women artists such as Frida Kahlo both by feminist movements and the women’s art scene and even by mainstream media (i.e. companies, worldwide fashion brands, etc). I hesitate to call this “empowering” in the sense that there is often an alienation of the public regarding the polarized portrayals of such women artists, whose political ideas and artistic journey are to me even emptied of their deep contradictions and radicalness. How do you feel towards such a growing trend of uplifting History’s overlooked women artists, and do you think there is a way for feminists today to pay respect to their more honest memory meanwhile spreading knowledge about their artwork?

I see the capitalist fetishization of certain women artists certainly, like Frida Kahlo. There’s also a contemporary trend towards revisionism, to mould historical figures dishonestly to suit modern ideas and ideologies. Both are robbing people of their true legacy. While it is extremely important to highlight those who have had their histories supressed, I think we have to act with great respect to the known facts and context.


5. When it comes to the contemporary women art scene, in which ways do you think the art world and business have gotten better for us and in which ways does it still have to radically improve and evolve?

Capitalism can commodify anything and ‘women artists’ as a fashionable product is no different. I would like to say that all is fine for women now, but many of the specific oppressive conditions women have faced in the artworld and beyond, still exist.  I do see attempts to address certain issues such as gallery representation for example, but still so far to go. I think things need to improve in the whole of society, as art isn’t separate from the rest of culture, obviously. Women, however, are continuing to create amazing artworks, never the less.


6. Do you feel like there have been any major changes in what’s more often represented and the ways in which it is represented when it comes to contemporary women’s art in comparison to more traditional women’s artwork? Is there a kind of trans-historical alliance linking such diverse artist through their different backgrounds, cultural upbringings and time lapses?

Yes, in Western terms, the scope of women’s artwork has widened as women’s roles have evolved and expanded. There are still genres to which women are more or less connected. There are still recurring themes relating to women’s lives, in the private realm while the public realm still struggles to offer female artistic recognition. As I said earlier, I do find definite links between the work of women globally and historically which conveys a certain shared experience unique to women.


7. Finally, I would like to ask you about your personal favorites – who are the women artists who have more profoundly shaped your approach to womanhood, feminist resistance, art consumption and creation?

I’m inspired by too many women to mention, not just the famous ones, but often women who just want to be creative in whatever way they can and whatever way is accessible to them. The resourceful ones, the fighters, those who don’t take no for no answer…I have much respect for them all.
I hope that answers your questions.