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sábado, 28 de noviembre de 2015

Tres poemas, feminismo y diversidad funcional

La entrada de hoy es una combinación de lindos poemas feministas de @VictoriaKarr en galego y castellano y una reflexión sobre la intersección entre el feminismo y el activismo desde la diversidad funcional de una compañera, @revvolucionaria


[O Monte do Medulio]
A cada paso que daba,
Fecundaba un remuíño
de caracois amarelos.
que bulían rápidamente
polas miñas pernas ata o meu sexo
sen decatarse de que xa estaban dentro.

-Iso supoñendo que dera o paso.-

[El monte del Medulio]
A cada paso que daba,
Fecundaba un remolino
De caracoles amarillos
Que corrían rápidamente
Por mis piernas hacia mi coño
Sin darse cuenta de que ya estaban dentro.

                                                      -Eso suponiendo que diera el paso.-

[La mer(de)]
Ai, fillo de puta! Quen che dera
ter un bate para baterme
                                                                   como baten as baleas.



[La mer(de)]
¡Ay, hijo de puta! Quien te diera
Tener un bate para pegarme
                                                            Como pegan a las ballenas.

[I]
Só tentaba deixar
Algo de min
En ti
Que me sobrevivise
Sen levar una hostia
[I]

Solo intentaba dejar
Algo de mi
En ti
Que me sobreviviese

Sin llevar una hostia


Feminismo y diversidad funcional
Seguro que al leer el título muches os habéis preguntado ¿qué es eso de diversidad funcional? Pues bien, el término de diversidad funcional se utiliza para las personas discapacitadas, este término que se ha utilizado durante mucho tiempo a mí no me gusta…  ¿por qué yo soy menos capaz que cualquier otra persona? ¿por estar en silla de ruedas? ¿por qué es menos capaz una persona neurodivergente, sorda, ciega…? Sin embargo, ``diversidad funcional´´ me parece una manera preciosa de llamarnos, porque somos una diversidad y siento que no se nos discrimina como con las palabras ``discapacitade´´ ``minusválide´´, etc.

Yo, como mujer, lesbiana, diversa busco la igualdad tanto por ser mujer como por ser diversa y lesbiana.  Sinceramente, siento que esas luchas muchas veces van por separado y no entiendo el por qué, es verdad que el transfeminismo mete también a las diversidades funcionales pero no veo colectivos de gente con distintas diversidades y que sea feminista, no consigo entender cómo hay tan pocas personas con diversidades que sean activistas y he estado reflexionando muchísimo tiempo el porqué de esto y creo que es por la discriminación que sufrimos incluso en espacios seguros, porque se nos cuestiona o simplemente piensan que no somos capaces.

Chiques, todes somos válides y desde aquí os animo a que nos unamos como si fuéramos une, debemos acabar con toda la discriminación y demostrarles a les demás que incluso teniendo todas las dificultades del mundo podemos con todo, nosotres somos quienes nos ponemos los límites: no dejemos que les demás lo hagan y aunque no lo creáis ya hacemos muchísimo simplemente con levantarnos cada día y seguir aunque tengamos demasiadas ganas de tirar la toalla.

¡TODES CONTRA EL HETEROPATRIARCADO, LA NEURONORMATIVIDAD, LA TRANSFOBIA, XENOFOBIA Y CUALQUIER TIPO DE DISCRIMINACIÓN!

jueves, 12 de noviembre de 2015

"Dos Literas", Ollie Renee Schminkey

Este es un poema que prácticamente no puedo escuchar sin llorar. Un poema en que Ollie nos cuenta cómo amar a alguien, cómo estar con alguien, cuando tu cabeza y tu corazón están en tu contra. Cuando te vuelven en su contra. Cuando tu trauma va más allá de lo que esa persona jamás ha sufrido. Me parece imprescindible.


"Mi pareja y yo dormimos en dos literas juntas,
Y así podemos fingir
Que tenemos una cama lo suficientemente grande para las dos.
A veces
Cuando nos movemos al dormir
Las camas se separan la una de la otra,
Y nos despertamos con este hueco entre nosotras.
Anoche me encontró llorando en nuestra cocina,
Me ofreció sus manos como un vaso de leche tibia con miel,
Pero mi tristeza no requiere caricias suaves.
He llorado lo suficiente en mi vida
Como para que ya no sea excitante ni peligroso.

Estoy agradecida porque a mi pareja nunca la hayan violado,
Estoy agradecida porque su boca nunca se haya tornado más cenizas que lengua,
Pero a veces es tan solitario sentir que no valgo nada yo sola.
Cuando hablo de la nauseabunda sensación de la que todavía queda rastro,
Incluso cinco años después,
Sus ojos son un cielo lleno de lástima.
Lástima, la emoción que se da un festín
Mientras habla de los hambrientos.
A ella no le hace falta salir del cine durante la escena de violación,
El aviso de contenido sensible no se le aplica.
Es tan fácil hablar de cuán vergonzoso es
Cuando nunca te has tenido que sentir avergonzada de clamar la palabra superviviente.

Es decir,
Que lo más difícil de su día
Es qué elegir para desayunar.
Es decir,
Que a veces me despierto
Y hay tanto espacio entre nosotras
Que solo está el duro suelo de parqué
Donde pensaba que estaría su cuerpo.
Es decir, que la amo,
Pero mi vida es un trabajo de mierda
Que nunca ha sido lo bastante pobre como para tener que conservar.

El sufrimiento no es un concurso.
No hay premio si gano.
No hay nada romántico en las cicatrices de los huesos de mis caderas.
Pero hay una barrera lingüística.
Nuestra diferencia estrangula cada conversación.
Vamos a hacer la compra y cada hombre en la parada del autobús tiene la cara de mi violador.
Ella dice la palabra amor con un poco de demasiada fuerza
Y sus manos me están empujando para hundirme.
¿Cómo le explico que un Buick no es sólo un tipo de coche,
Que es un cementerio?
Que no puedo tener sexo con las luces encendidas
Porque seré capaz de verle ahí.
¿Cómo le explico por qué nuestra habitación está siempre tan oscura?

Cuando habla del instituto,
Habla de los chicos cuyas manos inexpertas
No sabían cómo tocar su cuerpo,
Y todo en lo que puedo pensar es cómo él no sabía cómo apartar las suyas de mí,
Dios mío.
¿Cómo le explico que a veces llorar y tener sexo parecen lo mismo?

Pero amar a alguien implica inventar vuestro propio idioma
Implica convertirse en un sótano durante el tornado
Es convertirse en un espacio seguro
Implica convertir sus manos en una pregunta
Y apartar sus manos cuando la respuesta es no

En este nuevo idioma, borramos la lástima
Y escribimos en empatía
No necesito que lo sienta,
Sólo necesito que me escuche.

En este nuevo idioma, llamamos al contenido sensible sólo una excusa
Para que ella vea otro lado de mí
Llamamos a la distancia una excusa para reorganizar la geografía
Llamamos a llorar catarsis
De la forma en que después de un buen polvo o una buena llorera
Me siento tan cansada que podría sencillamente colapsar
Y no,
La tristeza no es una tristeza fácil.
Esta conversación no es una conversación fácil.
Pero que sea fácil y que merezca la pena no son sinónimos.
Así que nos despertamos, en medio de la noche

Y juntamos nuestras camas de nuevo."

jueves, 29 de octubre de 2015

"El embarazo y la salud mental: Cómo un psiquiatra me dijo que no debería tener hijos", Marisa Lancione

Esta es la segunda traducción que cuelgo en el blog y se trata de un artículo muy importante para mí. Como enferma mental y lesbiana, no necesito que nadie me explique que ser mujer duplica cualquier estigma que una arrastre y todavía no tengo la edad como para enfrentarme a este problema, pero que esto esté pasando y haya pasado en nuestra sociedad me avergüenza, me indigna y me preocupa. Por eso, he traducido (con su permiso) un artículo muy cercano e ilustrativo de Marisa Lancione, una mujer bipolar que escribe sobre sus vivencias y su enfermedad en su web: madgirlslament.com. Espero que aprendáis de ella tanto como yo.

"Cuando participé en un programa de pacientes hospitalizados, conocí a una mujer cuya familia hizo que un médico le practicara una histerectomía completa cuando tenía dieciocho años (entonces ya tenía más de cincuenta) a causa de su trastorno bipolar. Tanto su familia como su médico creían que no estaría en condiciones para ser madre y no querían arriesgarse a que tuviera un hijo que también pudiera desarrollar el trastorno. Me aterrorizó esta historia. Esta mujer no sólo había sobrellevado una enfermedad mental debilitante, sino que había tenido que sobrellevarla cuando la esterilización forzada era una realidad para aquellos internados en hospitales psiquiátricos.
Avanzamos hasta 2012, y se forzó a una mujer con trastorno bipolar y esquizofrenia de Massachusetts a abortar y sufrir una esterilización. En 2013, el gobierno del Reino Unido le retiró su bebé a la fuerza por cesárea a una mujer nacida en Italia y lo entregó a los servicios sociales a causa de la enfermedad mental de la madre.
Como mujer casada que todavía está decidiendo si quiere o no tener hijos, el estigma del embarazo, la maternidad, y la salud mental es preocupante. Pero hasta hace dos años, estas eran sólo historias que había escuchado o sobre las que había leído. Entonces pasé por mi propia experiencia, aunque en mucha menor medida, traumática.
Estábamos en diciembre (lo recuerdo porque era mi cumpleaños) y tenía una consulta con un nuevo psiquiatra. Como dije en una entrada previa, nunca he conocido a un psiquiatra que me haya gustado y estaba segura de que este iba a ser sólo otro nombre en mi lista. Nunca pensé que iba a ser probablemente una de las peores visitas psiquiátricas de mi vida.

Sentada en la sala de espera, sabía quién me estaba esperando. Iba a ser, indudablemente, un hombre (siempre son hombres). Iba a llevar gafas (siempre llevan gafas). Iba a estar ligeramente despeinado (siempre están despeinados). Iba a hacerme preguntas sobre mi historia por las que me siento culpable y avergonzada. Yo iba a llorar. Me iba a preguntar por qué y yo iba a intentar explicarme incoherentemente a través de las lágrimas. Iba a ser horrible, pero después se habría acabado.
Te estarás preguntando, ¿por qué es una evaluación psiquiátrica tan terrible? Es porque no es simplemente un médico echándole un vistazo al lunar de tu hombro. Estás compartiendo tus experiencias más personales y, muy a menudo, las más vergonzosas.

Imagina el momento más vergonzoso de tu vida entera. Quizás fue aquella vez que te tiraste un pedo durante tu presentación de sexto curso o aquel día en décimo que fuiste por ahí con la camisa metida por dentro de las medias TODO EL DÍA. Sea lo que sea, imagina ese momento y recuerda el miedo a que te juzgaran, la vergüenza, y la shame que sentiste. Ahora imagínate volver a contarle cada momento mortificante a un extraño en el bus.
Y no solo le estás volviendo a contar la historia a una audiencia pasiva, quien te escucha está haciendo preguntas. ¿A qué olía el pedo? ¿Qué habías comido ese día? ¿Alguna vez te habías tirado un pedo en público antes? ¿Tiene tu familia un historial de tirarse pedos en público?
Estas preguntas te hacen revivir no sólo el momento vergonzoso en sí mismo, sino todos los momentos que te llevaron a aquel incidente. Ahora te arrepientes de haber tomado judías en la comida porque deberías haberlo sabido. Tu familia siempre ha murmurado sobre el accidente de tu Tío Frank en 1965.

Y mientras hace las preguntas y tú contestas, toma notas. Inacabables notas. Intentas echar un vistazo por encima de su portapapeles para ver qué está garabateando, pero no puedes verlo. Lo sujeta contra su pecho. Y de estas notas salen archivos – archivos de los que nunca estás al tanto – incluso cuando lo solicitas (creedme, lo he preguntado).

Cuando por fin me llamó, le seguí al interior de la oficina que ahora parecía claustrofóbica con nosotros dos dentro. Rápidamente me lancé de lleno a por los detalles sangrientos de mi enfermedad. (Es como arrancar una venda – hazlo rápido y el dolor dura solo un segundo).
Nos sentamos silenciosamente por un momento mientras revuelvo en mi cartera buscando un pañuelo (¡no es una visita al psiquiatra sin algo de lágrimas!). Justo cuando encuentro un pañuelo errante, inhala y me pregunta, “¿Estás pensando en quedarte embarazada?”
Hago una pausa, momentáneamente pasmada ante la pregunta. Había visto a muchos psiquiatras, pero ninguno me había preguntado esto antes. Un momento después, contesto. “No próximamente.”
“Sabes que es peligroso quedarte embarazada mientras estás con esta medicación,” me contesta, ignorando mi respuesta mientras toma más notas en su portapapeles.
“Sí, conozco el riesgo que supone.” Arqueo la espalda, me siento a la defensiva. “Pero no pienso en quedarme embarazada pronto.”
“Bien, porque es peligroso y no solo para ti. No conocemos los riesgos del uso de medicación en el feto. Podría causar defectos de nacimiento y otros asuntos. No es al 100% pero sigue habiendo un riesgo. Necesitas saber todo esto antes de quedarte embarazada.”

“Sí, he hablado de ello con mi médico antes. Pero dado que no planeo quedarme embarazada próximamente, resolvimos que podíamos revisitar el asunto cuando estuviera pensando en ello. Ni siquiera sé si quiero tener hijos, de todas formas.”
Me mira desde abajo, inclina la cabeza a un lado y se ajusta las gafas antes de volver a bajar la mirada, a su portapapeles. “Sabes que tu trastorno es genético.”
Asiento, sintiendo cómo enrojecen mis mejillas. Interpreta mi silencio como que no lo entiendo (he olvidado mencionar que los psiquiatras también son siempre condescendientes).
“Eso quiere decir que se hereda,” habla despacio, enfatizando cada sílaba, “de la familia…”

“Sé lo que significa genético,” escupo entre dientes. No hay nada peor que la gente piense que eres estúpida.

“Así que sabes que hay una posibilidad de que tu hijo sea como tú.”

Le miro fijamente espantada, decaída ante las palabras que salen por su boca. ¡Aparentemente piensa que soy algún tipo de monstruo que no debería procrear! ¿Sería tan terrible que tuviera un hijo y tuviera trastorno bipolar? No le desearía mi enfermedad a mi hijo, pero mi vida no es horrible. Y me imagino que si mi hijo sí tuviera una enfermedad mental, yo tendría las herramientas para ayudarle a lidiar con ella.
De repente intenté imaginar mi vida sin hijos. Lo que una vez había parecido una elección, ahora parecía que era algo que me estaban quitando a la fuerza. Cualquiera que me conozca sabe que odio que me digan lo que hacer y este médico estaba sugiriendo que no debería tener hijos.
Por primera vez en mi vida, quería hijos desesperadamente. Quería un montón de hijos. Quería criarlos para que fueran saludables y felices y entonces quería empujar sus bellas caras de querubín sobre él como prueba, ¡ves, están bien! ¡Puedo ser madre!
Estaba tan enfadada, y dolida, y completamente estupefacta ante sus implicaciones que ni siquiera recuerdo cómo acabó la cita. Todo lo que recuerdo es abandonar el hospital con lágrimas corriéndome por la cara, pensando, es mi cumpleaños. Me ha arruinado el cumpleaños.
Han pasado dos años desde aquella cita y he compartido esta historia repetidas veces para ilustrar el estigma y el temor penetrantes que existen hacia aquellos con una enfermedad mental. Mi experiencia no es de ningún modo tan traumática como la de alguien a quien se le practicó una histerectomía forzada o un aborto forzado por conspiración de la familia, los amigos, y los médicos. Pero os cuento esta historia para ilustrar mi argumento de que los profesionales médicos son todavía profundamente ignorantes cuando llega el momento de discutir la enfermedad mental y la posibilidad de ser padres. Estos comentarios venían de un hombre que estaba supuestamente formado en este campo. Este es un hombre que trata a una población vulnerable. Este es un hombre que está usando su autoridad para extender el temor y la desinformación.
Aunque mi marido y yo todavía no hemos decidido si y/o cuando tendremos hijos, todavía queda un rastro del dolor y el enfado de este encuentro. Algunos días, cuando veo a mis amigos con sus hijos, pienso “Yo podría hacer eso. Yo podría ser madre un día.” Y entonces oigo su voz, “pero podrían salir como tú…”


jueves, 22 de octubre de 2015

"Mujeres que encogen", Lily Myers

He tenido la idea de publicar periódicamente traducciones de poemas y artículos que me parezcan interesantes para el blog. Hay muchas cosas que me gustaría decir, pero que ya se han dicho (o escrito) antes, y mejor. No creo que pudiera superar este poema, de Lily Myers, sobre cómo las mujeres tenemos una "relación con la comida", sobre cómo nos callamos y sobre cómo, en definitiva, muchas mujeres (como las de su familia) vivimos encogiendo. Es un poema slam, y por eso incluyo el vídeo original y adjunto debajo mi traducción al castellano. Espero que os llegue tanto como a mí.




“Al otro lado de la mesa de la cocina, mi madre sonríe por encima del vino tinto que bebe de su vaso de medir.
Dice que no se priva,
pero he aprendido a encontrar el matiz en cada movimiento de su tenedor.
En cada arruga de su ceja al ofrecerme los pedazos que no se ha comido de su plato.
Me he dado cuenta de que solo cena cuando yo lo sugiero.
Me pregunto qué hace cuando no estoy ahí para hacerlo.
Quizás es por esto que mi casa parece más grande cada vez que vuelvo; es proporcional.
Al encogerse, el espacio a su alrededor parece cada vez más vasto.
Ella mengua mientras mi padre se expande. Su estómago se ha vuelto redondo del vino, las noches tardías, las ostras, la poesía. Una nueva novia que tenía sobrepeso de adolescente, pero mi padre me informa de que ahora está “loca por la fruta”.
Fue igual con sus padres;
mientras mi abuela se volvía delicada y angular su marido aumentaba hasta unas mejillas redondas y rojas, un estómago redondo
y me pregunto si mi linaje es uno de mujeres que encogen
haciendo espacio para la entrada de los hombres en sus vidas
sin saber cómo rellenarlo de nuevo una vez se marchan.
Me han enseñado a acomodar.
Mi hermano nunca piensa antes de hablar.
A mí me han enseñado a filtrar.
“¿Cómo puede alguien tener una relación con la comida?” Me pregunta, riendo, mientras como la sopa de judías negras que he elegido por su falta de calorías.
Yo quiero decirle: venimos de lugares diferentes, Jonas, 
a ti te han enseñado a crecer hacia fuera
a mí me han enseñado a crecer hacia dentro
tú aprendiste de nuestro padre cómo emitir, cómo producir, a que cada pensamiento ruede de tu lengua con confianza, solías quedarte sin voz una semana cualquiera de tanto gritar
Yo aprendí a absorber
Tomé lecciones de nuestra madre de crear espacio a nuestro alrededor
aprendí a leer los nudos de su frente mientras los chicos salían a comer ostras
y nunca pretendí replicarla, pero
pasa el tiempo suficiente sentada enfrente de alguien y adquieres sus hábitos
Es por eso que las mujeres de mi familia han estado encogiendo durante décadas.
Todas nosotras lo aprendimos de las otras, de la forma en que cada generación enseñó a la siguiente cómo tejer
entretejiendo silencio entre los hilos
que todavía puedo sentir al andar por esta casa que siempre crece,
la piel picándome,
adquiriendo todos los hábitos que mi madre ha dejado caer inconscientemente como pedacitos de papel arrugado de su bolsillo en sus incontables excursiones del dormitorio a la cocina al dormitorio otra vez, 
Noches que la oigo deslizarse a comer yogur solo en la oscuridad, una fugitiva robando calorías a las que no siente que tenga derecho.
Decidiendo cuántos mordiscos son demasiados
Cuánto espacio se merece ocupar.
Observando la lucha o bien la imito o bien la odio,
Y ya no quiero hacer ninguna de las dos cosas
pero la carga de esta casa me ha seguido a través del país
he hecho cinco preguntas en clase de genética hoy y todas empezaban por la palabra “perdón”.
No conozco los requerimientos para la carrera de sociología porque me pasé la reunión entera decidiendo si podía o no comerme otro trozo de pizza
una obsesión circular que nunca quise pero
La herencia es accidental
todavía mirándome con los labios manchados de vino desde el otro lado de la mesa.”