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jueves, 12 de noviembre de 2015

"Dos Literas", Ollie Renee Schminkey

Este es un poema que prácticamente no puedo escuchar sin llorar. Un poema en que Ollie nos cuenta cómo amar a alguien, cómo estar con alguien, cuando tu cabeza y tu corazón están en tu contra. Cuando te vuelven en su contra. Cuando tu trauma va más allá de lo que esa persona jamás ha sufrido. Me parece imprescindible.


"Mi pareja y yo dormimos en dos literas juntas,
Y así podemos fingir
Que tenemos una cama lo suficientemente grande para las dos.
A veces
Cuando nos movemos al dormir
Las camas se separan la una de la otra,
Y nos despertamos con este hueco entre nosotras.
Anoche me encontró llorando en nuestra cocina,
Me ofreció sus manos como un vaso de leche tibia con miel,
Pero mi tristeza no requiere caricias suaves.
He llorado lo suficiente en mi vida
Como para que ya no sea excitante ni peligroso.

Estoy agradecida porque a mi pareja nunca la hayan violado,
Estoy agradecida porque su boca nunca se haya tornado más cenizas que lengua,
Pero a veces es tan solitario sentir que no valgo nada yo sola.
Cuando hablo de la nauseabunda sensación de la que todavía queda rastro,
Incluso cinco años después,
Sus ojos son un cielo lleno de lástima.
Lástima, la emoción que se da un festín
Mientras habla de los hambrientos.
A ella no le hace falta salir del cine durante la escena de violación,
El aviso de contenido sensible no se le aplica.
Es tan fácil hablar de cuán vergonzoso es
Cuando nunca te has tenido que sentir avergonzada de clamar la palabra superviviente.

Es decir,
Que lo más difícil de su día
Es qué elegir para desayunar.
Es decir,
Que a veces me despierto
Y hay tanto espacio entre nosotras
Que solo está el duro suelo de parqué
Donde pensaba que estaría su cuerpo.
Es decir, que la amo,
Pero mi vida es un trabajo de mierda
Que nunca ha sido lo bastante pobre como para tener que conservar.

El sufrimiento no es un concurso.
No hay premio si gano.
No hay nada romántico en las cicatrices de los huesos de mis caderas.
Pero hay una barrera lingüística.
Nuestra diferencia estrangula cada conversación.
Vamos a hacer la compra y cada hombre en la parada del autobús tiene la cara de mi violador.
Ella dice la palabra amor con un poco de demasiada fuerza
Y sus manos me están empujando para hundirme.
¿Cómo le explico que un Buick no es sólo un tipo de coche,
Que es un cementerio?
Que no puedo tener sexo con las luces encendidas
Porque seré capaz de verle ahí.
¿Cómo le explico por qué nuestra habitación está siempre tan oscura?

Cuando habla del instituto,
Habla de los chicos cuyas manos inexpertas
No sabían cómo tocar su cuerpo,
Y todo en lo que puedo pensar es cómo él no sabía cómo apartar las suyas de mí,
Dios mío.
¿Cómo le explico que a veces llorar y tener sexo parecen lo mismo?

Pero amar a alguien implica inventar vuestro propio idioma
Implica convertirse en un sótano durante el tornado
Es convertirse en un espacio seguro
Implica convertir sus manos en una pregunta
Y apartar sus manos cuando la respuesta es no

En este nuevo idioma, borramos la lástima
Y escribimos en empatía
No necesito que lo sienta,
Sólo necesito que me escuche.

En este nuevo idioma, llamamos al contenido sensible sólo una excusa
Para que ella vea otro lado de mí
Llamamos a la distancia una excusa para reorganizar la geografía
Llamamos a llorar catarsis
De la forma en que después de un buen polvo o una buena llorera
Me siento tan cansada que podría sencillamente colapsar
Y no,
La tristeza no es una tristeza fácil.
Esta conversación no es una conversación fácil.
Pero que sea fácil y que merezca la pena no son sinónimos.
Así que nos despertamos, en medio de la noche

Y juntamos nuestras camas de nuevo."

lunes, 26 de octubre de 2015

La sociedad y las chicas adolescentes

Las chicas adolescentes somos el chiste del que se ríe la sociedad entera: por nuestros gustos, nuestros problemas, nuestras jergas.

Pensadlo por un momento: se puede ser “muy pava” pero no “muy pavo”, te comportas “como una quinceañera” pero no “como un quinceañero”, chillas como una niña pero no gritas como un niño… el término “mojabragas”, que tanto se utiliza entre los jóvenes últimamente, habla por sí solo. Parecer una chica ya es vergonzoso en nuestra sociedad, pero parecer una chica entre los doce y los diecinueve lo es todavía más.
Y es que ¿qué hacen las chicas adolescentes, que tan vergonzoso es? Son fans de cantantes y actores “comerciales”, se compran posters, escriben fanfiction y chillan en los conciertos y los estrenos. Son enamoradizas. Siguen las modas. Suspiran por sus ídolos, sucumben a las hormonas y, en definitiva, están en la edad.

Sin embargo, los chicos adolescentes también están en la edad y yo no veo a nadie recordárselo tan a menudo. Los chicos adolescentes, de hecho, presentan mayores índices de consumo de alcohol a diario (ellas, sin embargo, toman más psicofármacos); y son más proclives al uso de la violencia. Los chicos adolescentes son, también, más homófobos y misóginos; son menos tolerantes y pacíficos. Este es un patrón que se repite en hombres y mujeres adultas, pero yo considero que en la adolescencia se da el mayor brote de reacciones hormonales por parte de los chicos y sin embargo es más vergonzoso cotillear con tus amigas (como una maruja) que pegarte con tus amigos.

Sigamos analizando las diferencias de comportamiento entre chicos y chicas, en la adolescencia. Las chicas adolescentes sacan mejores notas (y sin embargo tienen menos confianza en sí mismas que ellos), son más proclives a realizar cualquier tipo de voluntariado y además ayudan más en casa. También leen más y es que, al parecer, las chicas adolescentes hacen algo más que suspirar por ídolos inalcanzables entre los posters de su habitación.

Pero la verdadera pregunta aquí es ¿acaso los chicos adolescentes no tienen ídolos? ¿Acaso los chicos adolescentes no necesitan, en una edad tan difícil de maduración de la personalidad, grandes iconos a los que admirar e imitar? Por supuesto que sí. Los chicos adolescentes admiran a cantantes, futbolistas, motoristas y otros deportistas (generalizando, sí, porque esta es una comparación de estereotipos; desde luego que existen chicos adolescentes que idolatran a escritores y directores de cine). Pero no los adoran.
Porque los chicos adolescentes quieren ser sus ídolos, mientras que las chicas adolescentes quieren conquistar a sus ídolos. Los chicos adolescentes sueñan con ser futuras estrellas; las chicas adolescentes sueñan con enamorar a sus estrellas. Las chicas adolescentes idolatran a hombres, pero los chicos adolescentes no idolatran a su vez a mujeres. Los chicos adolescentes aprenden de sus ídolos en quién se quieren convertir; las chicas adolescentes aprenden de sus ídolos lo que las chicas adolescentes llevan siglos aprendiendo: de quién quieren ser.

Y esto nos lleva a otra pregunta: ¿por qué necesitan las chicas adolescentes a sus ídolos, por qué con esta desesperación que las lleva, desde a dedicar una parte importante de su vida a desconocidos, hasta a extremos como el #cutforzayn (en que se autolesionaban y subían fotos a las redes sociales por su ídolo)? La respuesta, para mí, está en lo que son: chicas y adolescentes. La adolescencia es una etapa, de por sí, de crecimiento, cambios y complicaciones; pero ser chica complica indudablemente esta misma etapa.

Y es que, cuando las niñas entran en la adolescencia, son arrojadas a un lodazal de misoginia. Se impone el dictatorial canon de belleza. Se entra en el mundo del sexo y de las relaciones amorosas. Es, en definitiva, una preparación para todo lo que implica ser mujer en una sociedad patriarcal como es esta.
Porque lo que espera a las niñas más allá de las cuatro paredes de su habitación empapelada de posters es un mundo inhóspito que se vuelve contra ellas cada vez más al crecer. Y nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos, como si los chicos de carne y hueso que están a su alcance fueran mucho mejores.

Nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos pero la otra opción es, muchas veces, un joven mayor dispuesto a aprovecharse de ellas (todas hemos tenido amigas, o hemos sido esas amigas, que a los 13 años se estrenaban en las relaciones y a menudo también en el sexo de la mano de un chico de 17). Nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos pero la otra opción es, muchas veces, un chico de su edad a años luz de madurez porque no ha crecido con miedo ni le han enseñado a reprimir sus impulsos como a ellas.
Nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos pero la otra opción es, muchas veces, un novio machista y controlador que las aparta de sus amigas. Nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos pero la otra opción es, muchas veces, un chico que compara sus cuerpos desnudos con el de la última porno.
Nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos pero la otra opción es, muchas veces, iniciarse en el sexo bajo presión y jugando con el consentimiento.

Nos reímos de las chicas adolescentes cuando, en definitiva, lo que deberíamos hacer es avergonzarnos de lo desprotegidas que las dejamos. Porque no son sólo los novios. En la adolescencia termina de viciarse la relación femenina con la comida; en la adolescencia despuntan la mayoría de trastornos alimenticios*, empieza la competición por la delgadez, por ocupar el mínimo espacio posible en un mundo que se ríe de ti cada vez que eres algo más que invisible.

Y el mismo canon de belleza que nos roba la comida nos condena a ser mujeres plenas antes de tiempo y permanecer, al mismo tiempo, niñas. A tener pecho, caderas y culo de adulta pero la ausencia de vello, granos y estrías de una niña. A ser perfecta pero parecer natural.
A probar el sexo para no ser una estrecha pero mantenerte virgen para no ser una zorra. Porque, como leí una vez, si follas muchas veces con la misma persona no eres promiscua pero si lo haces con chicos distintos sí.
Así, las chicas adolescentes vemos a nuestras amigas llamar dieta a matarse de hambre, amor al maltrato machista y primera vez a que te viole tu novio.
Las chicas adolescentes nos regalamos pulseras, colgantes y juramentos para ser siempre amigas porque ya está el patriarcado para enfrentarnos como competencia.
Las chicas adolescentes vivimos haciendo equilibrios entre el demasiado y el no lo suficiente.
Y, cuando nos tambaleamos, os atrevéis a llamarnos ridículas. Porque convertir a las chicas adolescentes en el chiste del que se ríe toda la sociedad es el mejor método para criar futuras mujeres inseguras y sin confianza en sí mismas.

*mayor prevalencia de anorexia nerviosa en jóvenes de 13 a 18 años que en adultos y en mujeres que en hombres