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viernes, 6 de julio de 2018

Entrevista: Lara Losada, psicóloga, feminista y escritora

Os traigo una entrevista con Lara Losada (Twitter: @laralosadaa / Instagram: @laralosadaa), que se define así:

"Me llamo Lara, tengo 24 años, soy psicóloga y actualmente estudiante de máster en Estudios de Género. Soy feminista, vegana y escritora (he publicado dos libros con Ediciones en Huida). Actualmente diría que utilizo mis redes sociales no sólo como forma de expresión personal, sino también como un canal de comunicación para debatir, reflexionar y aprender sobre feminismo con otras mujeres. Además utilizo mi propia voz para desde la experiencia personal desestigmatizar la enfermedad mental y empezar a hablar de las cosas que nos incomodan y que la sociedad prefiere ocultar."

1. Eres psicóloga y estudias el máster en Estudios de Género. ¿Qué te llevó a estudiar psicología y qué te lleva después a especializarte desde una perspectiva de género, por qué lo primero y cómo crees que puede ayudar a la sociedad lo segundo (es decir, de qué forma puedes aportar tu granito de arena enfocando la psicología desde una perspectiva feminista)?

Decidí estudiar Psicología en 4º de la ESO. Mi abuela tenía Alzheimer y verla consumirse poco a poco me hizo entender que yo tenía que hacer algo al respecto. Que quería formarme para poder ayudar a otras personas que lo sufrieran y a sus familiares lo máximo posible. En seguida me di cuenta de que yo quería dedicarme a ayudar a los demás y cada vez estoy más segura de que esa es mi misión. Más tarde decido especializarme en Género pero ya no hay una razón sino varias. En primer lugar empiezo a adquirir conciencia feminista y lamento profundamente que en la carrera no se me diera una perspectiva de género que me parecía fundamental. Tampoco se nos habla de la violencia machista ni de la forma de ayudar a las mujeres maltratadas. Yo necesitaba hacer algo al respecto. Mi malestar con la opresión que sufrimos las mujeres siguió creciendo e, investigando, encontré este máster. Tenía muchas dudas por el miedo que genera saber que las expectativas laborales en este terreno tan necesitado de especialistas no abundan pero a la vez sentía la responsabilidad de comprometerme con mis ideales. Creo que la perspectiva de género se debe aplicar a todos los ámbitos de nuestra vida y que, en mi caso, como psicóloga puede suponer un punto fundamental a nivel profesional.

2. Te describes rápidamente como vegana y feminista (no necesariamente en ese orden). ¿Puedes hablarnos de tu primer acercamiento al feminismo o, mejor dicho, a los feminismos? ¿Qué han supuesto estos en tu vida, qué cambios han producido? ¿Y qué puedes contarnos respecto al veganismo, es decir, cuál fue el factor desencadenante que te llevó a hacerte vegana y cómo tratarías de explicarle a una persona que no lo comprende el por qué de este giro vital desde una perspectiva ideológica?

Suelo decir que ahora me doy cuenta de que siempre he sido feminista pero no lo reconocí como tal hasta hace tres años cuando empecé a informarme más sobre el movimiento y a quitar un poco ese barniz negativo que había recubierto a la palabra. Me definía como 'igualitarista' por pura ignorancia. Pero era feminista. El feminismo supuso para mí un cambio total en mi manera de percibir el mundo y mi lugar en él. No sólo como mujer sino como sujeto político, como persona sexual, como agente activa de creación y cambio. También fue duro darme cuenta de las violencias que sufrimos, de los condicionantes patriarcales que había interiorizado y que todavía me quedan, de las conductas discriminatorias que había normalizado y de los estereotipos que intentaba cumplir. El feminismo es, por pura definición, un movimiento que molesta. Sobre todo a los hombres que sienten sus privilegios atacados, pero también nos incomoda a las mujeres porque nos hace replantearnos nuestra situación e incluso nuestros gustos. Ser feminista es estar en constante aprendizaje, revisión y cambio. Y creo que eso es algo maravilloso. El veganismo llegó poco después del feminismo. Creo que adquirir conciencia sobre mi propia opresión me ayudó a empatizar con otras. Además recuerdo haber leído en twitter una frase que lo cambió todo que decía: 'si dices que te gustan los animales pero comes carne a ti no te gustan los animales, te gusta tu perro'. Estaba siendo una completa hipócrita y me obligué a informarme de todo aquello que no quería ver. Documentales, vídeos terribles, todo. Lo vi todo hasta que no pude más y dije 'basta', yo no puedo ser partícipe ni financiar esto. Va en contra de todo lo que yo defiendo. Fue un antes y un después en mi vida porque es una decisión sin retorno y que cada día estoy más contenta de haber tomado.

3. Además, eres escritora ¡con dos libros publicados! Uno es tu primer poemario, "Una chica azul"; y el otro, "Alejandra", la editorial Ediciones en Huida lo describe como un libro "escrito en prosa con un lenguaje claramente poético". Parece que la poesía es un componente crucial en tu vida o, al menos, en tu producción literaria. ¿Podrías hablarnos de tus primeros acercamientos, no solo a la escritura en general, sino a la poesía en particular? ¿De los autores, y sobre todo las autoras, qué más te han marcado e influenciado?

Es curioso porque empecé a escribir desde muy pequeña. Con ocho años ya presentaba pequeños relatos a concursos y esa inquietud se fue alimentando y creciendo hasta día de hoy. Sin embargo no llegué a la poesía hasta los dieciocho y fue a través de las redes sociales y de la nueva forma de entender la poesía que empezaba a surgir en los blogs. Ese primer acercamiento me llevó a profundizar mucho más y poco a poco a crear un gusto particular y también a querer intentar hacer eso que me gustaba consumir. Pronto me di cuenta de que la poesía me aportaba algo que las mejores novelas no habían conseguido transmitirme. No sabría decir muy bien el qué. Quizá cercanía. Hace ya un par de años que decidí leer a autoras, no exclusivamente pero sí sobre todo, por la necesidad primero de visibilizarnos más y, segundo, de encontrar referentes que sientan, piensen y sufran como yo porque compartimos ciertas experiencias vitales. Mi autora favorita (esto no va a sorprender a nadie que me conozca lo más mínimo) es Alejandra Pizarnik porque me hace sentir que ella ya lo ha escrito todo. Pero por supuesto también Sylvia Plath, Virginia Woolf, Wislawa Szymborska, Gloria Fuertes, Cristina Peri Rossi, Ana Rosetti...
 
4. Ahora, centrémonos en tus libros y en la perspectiva de género que podamos encontrar en estos. ¿Cómo crees que el feminismo, o los feminismos, han dado forma a tus creaciones literarias (o han ayudado a dar forma, al menos)? ¿Crees que escribirías historias distintas si no fueras mujer? Y, si es así ¿cómo crees que tus experiencias vitales como mujer en un patriarcado han influenciado tu escritura?

No me atrevería a decir que Una chica azul y Alejandra son libros feministas ni con perspectiva de género, porque no creo que lo sean. Quizá en algún momento, alguna frase, pero no de una manera consciente porque cuando los escribí estaba muy lejos aún de la forma de pensar que tengo ahora. De hecho en ellos aún hay mucha inocencia, mucho amor romántico y muchas relaciones tóxicas y actitudes autodestructivas que a día de hoy rechazo totalmente. Pero entiendo que cuando lo escribí lo sentía de aquella manera y no reniego de ello. No nací siendo feminista y me alegro de poder mirar atrás y reconocer ahora actitudes o pensamientos problemáticos. El proceso de deconstrucción parece incómodo pero en realidad es mucho más amable. Sin duda escribiría diferente de no ser mujer. Estoy completamente segura de que al margen de mi interés y mi afición por la escritura y la lectura, son mis experiencias personales las que han marcado un rumbo y también una manera de expresarme y de entablar una especie de conversación con el lector. Hoy en día mi forma de escribir es muy distinta a los primeros libros porque yo también lo soy y siento que mi estilo ha evolucionado de la metáfora y los juegos de las palabras a un estilo mucho más directo, agresivo y activista. Suelo bromear diciendo que antes escribía porque estaba triste y ahora porque estoy enfadada, en realidad siempre ha sido una mezcla de las dos.

5. Nos cuentas que utilizas tus redes sociales "como un canal de comunicación para debatir, reflexionar y aprender sobre feminismo con otras mujeres". ¿Cuál es, o cuáles son para ti (mejor dicho, cuáles deberían ser); los objetivos primordiales de los feminismos en la sociedad actual? Y ¿recalcarías alguna o algunas experiencias concretas de aprendizaje, puertas que te hayan abierto otras mujeres en tu recorrido por el activismo feminista, conclusiones a las que no habrías llegado tú sola?

Para mí el objetivo del feminismo es la liberación de la mujer. Sé que es una respuesta concisa pero me resulta inabarcable hacer una lista de todos los aspectos donde la mujer tiene que ser liberada y todo lo que está mal y tenemos que cambiar socialmente para que esto ocurra, así que espero que así se entienda. Evidentemente hay objetivos como erradicar la violencia machista, la violencia sexual o la mutilación femenina que me parecen primordiales pero no me gustaría hacer una lista que pudiera indicar que jerárquicamente considero unos aspectos más importantes que otros porque no es así. Toda violencia contra la mujer surge de la misma raíz, del machismo, del patriarcado, y por tanto entiendo que la lucha debe ser contra el sistema para que el cambio sea real y no puntual. En cuanto a tu segunda pregunta, desde luego, sin duda. Para mí si no es interseccional no es feminismo y esto me ha llevado a aprender muchísimo de otras mujeres y de otras culturas, a salir de mi eurocentrismo y asumir también, por ejemplo, mis actitudes racistas interiorizadas. He aprendido y aprendo mucho a diario leyendo y escuchando a compas sobre mujeres migrantes, mujeres árabes, mujeres gitanas, feminismo negro o feminismo chicano. Asumiendo además que como mujer blanca cis y europea estoy llena de sesgos y de actitudes que oprimen a otras personas. Como te he dicho antes creo que el feminismo nos mantiene en constante alerta, revisión y cambio. Y el crecimiento que esto supone es lo verdaderamente enriquecedor. 

6. También mencionas el campo de la salud mental (en el que se han centrado tus estudios, además). Volviendo a los objetivos primordiales: ¿cuáles son tus principales exigencias hacia la sociedad en materia de salud mental? ¿Cómo crees que tú misma formas parte de la lucha por la dignidad en el ámbito de la salud mental?

Voy a intentar responder a las dos preguntas en una sola respuesta. Mi principal lucha en este sentido es la desestigmatización de la enfermedad mental. A día de hoy sigue siento un tabú y sigue habiendo muchísima desinformación a pesar de que cada vez trastornos como la ansiedad o la depresión son más comunes en nuestra sociedad. Lucho por exponer la cruda realidad. Otra verdad que incomoda, porque la depresión no es estar triste, la depresión es un vacío inabarcable. Y cuando digo cosas como 'llevo cinco días sin ducharme ni lavarme el pelo y sin comer y sin salir de la cama' lo que pretendo no es victimizarme sino exponer un problema social: existen realidades que preferimos no ver, y del feminismo aprendí que 'lo que no se nombra no existe'. Tenemos que hablar de ello porque si no no podemos empezar a cambiarlo. Necesito que la sociedad entienda que la salud mental es tan importante como la física y que si cuando te duele la tripa no puedes ir a trabajar cuando yo te digo que no puedo salir de casa porque la ansiedad no me deja moverme tienes que respetarlo de la misma manera.

7. Si por mí fuera, podría pasarme horas haciéndote preguntas sobre salud mental. Es un tema para mí crucial, que llega a condicionar mi vida desde mi posición de "loca" para la sociedad. Pero intentaré ser breve: ¿qué opinas de los modelos de la psiquiatría tradicional, y si tienes alguna queja, conoces o propones alguna alternativa a la medicalización llevada al extremo?

Mi experiencia con la psiquiatría no ha sido muy agradable precisamente, por decirlo de una manera sutil. Desde mi punto de vista la manera de abordar cualquier trastorno es la atención psicológica, es decir, la terapia. Es cierto que en ocasiones es necesaria la medicación, normalmente sólo por ciertos períodos de tiempo, y estoy completamente a favor de ello siempre que se haga de forma complementaria a la terapia psicológica. No entiendo que la medicación por sí sola pueda curar ningún trastorno y me parece peligrosa la facilidad con la que en muchas ocasiones se recetan antidepresivos o ansiolíticos en las consultas médicas sin recomendar siquiera el paso previo por la terapia.

8. Por último, estoy segura de que a todas nos gustaría conocerte un poco más. Háblanos de aquellas aficiones, intereses, vínculos que prenden una chispa en la penumbra de tus días más tristes o apáticos. Deporte, espiritualidad, activismo, arte en todas sus formas (tanto como consumidora como desde tu papel de creadora), lazos con otras mujeres y con otras personas en general... ¡háblanos un poquito más de ti!

Ay, jajaja. Siento que ya he dicho muchísimo sobre mí. Qué más, qué más. Bueno, últimamente me he aficionado a la fotografía y creo que puedo estar encontrando otra forma de expresarme sin utilizar palabras y eso me parece muy guay. Estoy segura de que esta semana voy a terminar el que será mi tercer libro [cuando la entrevisté, "Emocional" todavía no se había publicado] y estoy muy ilusionada. Sí puedo decirte que este será sin duda un libro feminista. Cuando tengo un día malo suelo ponerme pelis que, aunque en general se consideran malas, yo soy más del grupo de personas a las que les flipan para alegrarse, tipo Mean Girls, High School Musical o Pitch Perfect. Si te digo la verdad no hago nada de deporte porque soy demasiado vaga y mi fuerza de voluntad para esto ha demostrado ser nula. Me gustaría no ser así, no te voy a mentir. Tampoco me considero una persona espiritual, la verdad. Es cierto que tengo temporadas en las que creo en cosas como las energías o el destino pero en general me considero muy atea, aunque creo que decir agnóstica sería una posición mucho más prudente, pero bueno. Y por último... No llamaría a esto información de interés, pero mi fruta favorita es el mango.

viernes, 18 de diciembre de 2015

5 razones por las que los derechos de los animales son una cuestión feminista, por Aph Ko

Este es un artículo sobre la intersección entre el feminismo y la liberación animal (veganismo) escrito por Aph Ko y traducido por Álex que me ha hecho el maravilloso favor de pasármelo para publicarlo. Me ha parecido interesantísimo y espero que os enseñe tanto como a mí.

Cinco razones por las que los derechos de los animales son una cuestión feminista.

Los derechos de los animales son un asunto feminista. Hale, ya lo he dicho.

De hecho, la cosificación y explotación de vidas animales debería hallarse bajo un gran escrutinio por parte de las feministas, dado que el feminismo va sobre luchar contra el modo en que el patriarcado rechaza los intereses y la subjetividad de algunos seres por el beneficio de los arbitrariamente designados seres “superiores”.
Lo que resulta más terrorífico es que la vulnerabilidad percibida de los animales se usa como una justificación implícita para su abuso.
En otras palabras, debido a que los animales no pueden defenderse, dar o negar su consentimiento, u organizarse en resistencia, nosotros los humanos sentimos que podemos hacer con ellos lo que queramos, normalmente bajo la falsa apariencia de que estamos “cuidando” de sus intereses.
Hay algunas barreras que generalmente nos impiden entender como opresiva la situación de los animales. Por eso puede que no resulte obvio por qué algunas feministas sostienen que esto es una cuestión feminista.
Pero lo es. Aquí hay cinco razones por las que lo es.

1. Los cuerpos de los animales también están cosificados.
Ser cosificado significa que el cuerpo y la vida de alguien existen para el placer o beneficio de otro.
Como feministas, la mayoría de nosotras somos expertas en retórica cosificadora cuando se trata del cuerpo femenino en los medios. Por ejemplo, sabemos que con regularidad las mujeres son reducidas a objetos sexys de atrezzo en historias protagonizadas por hombres. También sabemos que las mujeres son violadas, golpeadas, acosadas y asesinadas de forma rutinaria porque tendemos a ser visualizadas como objetos de placer para los hombres, en contraposición a seres plenamente sintientes que experimentamos placer por nosotras mismas.
Como dice Jean Kilbourne, “…convertir a un ser humano en una cosa, un objeto, casi siempre es el primer paso hacia la justificación de la violencia contra esa persona.”
Cuando cosificas cuerpos, ves esos cuerpos como cosas que te sirven para un propósito específico.
De forma similar, los cuerpos de los animales no humanos son reducidos a cosas carnales (literalmente) que pueden ser consumidos o usados en proyectos científicos dolorosos y faltos de ética.
Los animales son considerados “menos que”. Culturalmente no son vistos como seres independientes que experimentan dolor, placer y un rango de emociones, y que se relacionan socialmente. Por esto, los animales padecen una horrible violencia sistemática que a menudo ni siquiera es cuestionada.

Ser cosificado explica por qué en tantas industrias se usan ratones, monos, cerdos, conejos y otros animales no humanos en horribles experimentos científicos, porque nos hemos condicionado a no tener consideración por ellos. Esto explica por qué los animales no humanos padecen unas duras condiciones en la industria del entretenimiento como pueden ser los acuarios, o incluso los simios en cine y publicidad, para que los humanos nos podamos reír.
Para nosotras se vuelve culturalmente incómodo cuando consideramos que los animales no humanos tienen emociones, pueden experimentar dolor y depresión, etc.
La cosificación de los animales ha tenido tanto éxito que han sido totalmente despojados de su subjetividad: ellos existen para nosotros.

2. Los cuerpos de los animales se usan para normalizar la cultura de la violación
Los animales tienen sexo. Por lo tanto, las torturas infligidas a los animales son específicas a su sexo y no es una sorpresa que para las hembras, su capacidad para criar condiciona de una forma abrumadora el modo en que sus cuerpos son controlados.
La ganadería intensiva, e incluso las prácticas llevadas a cabo en las granjas “humanitarias”, institucionalizan el sexo forzoso como un violento sistema de opresión. La mayoría de los animales que son asesinados cada año son sacrificados dentro del sistema de la cría intensiva. Las hembras padecen una vida de repetidas violaciones y embarazo perpetuo, y una vez que se han “gastado”, son sacrificadas.
Los “potros de violación” –un término real de la industria para referirse al dispositivo que se usa para inmovilizar a los animales durante la inseminación- aseguran la fecundación constante de animales como vacas y cerdas mientras que las gallinas se crían para que produzcan un apabullante número de huevos, lo cual provoca un enorme estrés en sus cuerpos, causando dolencias reproductivas como la retención de huevos y otras enfermedades.
Como feministas, consumir cuerpos violados y torturados de animales no humanos mientras luchamos contra la cultura de la violación parece un tema digno de estudio.
También está el otro asunto del control institucional de los cuerpos femeninos…

3. La violencia doméstica daña a los animales
Conforme a un artículo del New York Times titulado “El abuso animal como indicio de maltratos adicionales”, Diana S. Urban, congresista demócrata de Connecticut, declaraba que “el maltrato animal es uno de los cuatro indicadores que usa el F.B.I. para estimar un futuro comportamiento violento”.
Hay una clara correlación entre dañar a los animales no humanos a una edad temprana y hacer daño después a seres humanos.
La Asociación Humanitaria Americana (American Humane Association, la que nos dice en los títulos de crédito de una película que ningún animal ha sido maltratado durante la grabación de la misma) expone que en el 88% de los hogares donde se produce maltrato infantil también ocurre maltrato animal. En cuanto a las mujeres que acuden a centros de la mujer buscando ayuda, más de la mitad declaran que su pareja amenazó con hacer daño a sus mascotas.
La correlación entre la violencia contra mujeres y niñas y la violencia contra animales no humanos demuestra como el patriarcado daña a aquellas que son marginalizadas y a menudo desempoderadas.
De hecho, muchos centros de la mujer aceptan a animales no humanos. Está probado que las mujeres tienden a no dejar a una pareja abusiva si no pueden llevarse a sus animales de compañía, ya que temen por la vida de sus mascotas. Debido a esta fuerte correlación entre la violencia contra la mujer y la violencia contra los animales no humanos, la mayoría de los estados recogen penas aplicadas al delito de maltrato animal.
La violencia es interseccional, así que nuestro movimiento para terminar con la violencia también debe serlo. Los animales no humanos también sufren bajo el patriarcado.
Hablando de interseccionalidad…

4. La interseccionalidad debe incluir a todos los grupos oprimidos
Es raro que no exista un hilo de comentarios feministas donde no se proclame en algún momento que “hasta los animales son mejor tratados que las mujeres”. Incluso en manifestaciones como las recientes protestas de Ferguson se podían oír comentarios del tipo “a un perro se le habría respetado más que a Mike Brown”.
 El lenguaje que rodea a los animales no humanos hace uso constantemente de una moral jerárquica que sugiere que ciertos grupos son más valiosos que otros, dando a entender así que la situación de ciertos grupos es más importante o significativa que la de otros.
Una actitud similar se refleja también en los discursos concernientes a los humanos cuando asumimos que la lucha por los derechos de un grupo debe demandar nuestra atención por encima de la lucha de otro grupo,  o que un grupo merece un mejor trato que otro a pesar de que ambos grupos pertenecen a espacios de opresión.
Un gran ejemplo de esto se da en el feminismo radical trans-exclusivo (TERF), donde las cisfeministas excluyen a las personas trans porque no creen que dichas personas sufran la opresión del mismo modo en que ellas lo hacen.
También hay algunas feministas blancas que no creen que el racismo tenga cabida en su agenda feminista porque la opresión “de género” es un asunto más acuciante a pesar del hecho de que las mujeres de color sufren opresión racial de género.
La interseccionalidad es un desarrollo teórico que nos ayuda a combatir dichas actitudes. La interseccionalidad nos ayuda a ver las conexiones entre distintos sistemas de opresión.
La realidad es la siguiente: la gente de color, mujeres, personas con discapacidad, la comunidad LGBTQIA+, etc, lo tienen bastante mal. Los animales también, especialmente aquellos que son considerados útiles solo en la medida en que son consumidos, ya sea por su carne o su leche.
Es ridículo intentar “posicionar” cómo de mal lo tiene cada grupo o asumir que debemos dedicar toda nuestra atención a la lucha por los derechos de un grupo en concreto, o suponer que si la mayor parte de nuestra atención se centra en un grupo en un momento concreto, debe ser porque los otros grupos son menos importantes o “lo tienen mejor”.
Todas estas esferas de opresión son subproductos del mismo mal sistemático – un mal que está fuertemente impregnado del patriarcado blanco supremacista.
Afirmar que a uno de estos grupos se le “trata mejor” que a los otros implica obviar completamente el modo en el cual estas opresiones están entrelazadas e incluso dependen unas de otras.

5. Nuestra sociedad también difunde mentiras sobre los animales
Como feministas, la mayoría de nosotras ya sabemos que las convenciones culturales se usan para naturalizar comportamientos problemáticos.
Sabemos que “son cosas de hombres” es una forma de evitar evaluar críticamente el motivo por el que a los hombres se les permite salirse con la suya al comportarse de forma violenta y destructiva. Es más fácil decir “bueno, los hombres son así por instinto” que relacionarlo con los sistemas de género que crean organismos culturales que actúan de modos específicos.
También vemos estas convenciones que dicen “bueno, los hombres simplemente son más sexuales que las mujeres” para explicar por qué en las películas se nos presenta de forma predominante a mujeres desnudas y no a hombres desnudos. Usamos esta misma convención para justificar por qué ocurren las violaciones. Es un modo de naturalizar las relaciones asimétricas de poder sexual.
De forma similar, en los espacios donde se consumen animales existen convenciones que naturalizan unos horribles sistemas de opresión. Mucha gente dice: “Nunca podría dejar la carne” o “nunca podría hacerme vegana porque me gusta muchísimo el queso”.
Es posible que el queso y las hamburguesas sepan bien, pero mientras tanto, estas convenciones nos desvían de la realidad sistemática en la que los animales no humanos son torturados, asesinados y violados para que nosotras podamos satisfacer nuestra adicción al sabor.
La apatía hacia la violencia nunca debería fomentarse en un movimiento de justicia social.
Las convenciones culturales perpetúan mitos y tradiciones. Por ejemplo, existe el cómodo cuento de que las proteínas solo pueden venir de animales a pesar de que igualmente hay buenas fuentes de proteínas en otras partes.
También sucede al creerse el mito de que matar “humanamente” a un animal es de alguna manera mejor que las condiciones de las granjas; un extraño mito, teniendo en cuenta las palabras “humanamente” y “matar” en la misma frase. El maltrato también está extendido en las granjas “ecológicas”.
Las convenciones nos permiten sentirnos cómodas con los comportamientos problemáticos. Nos permiten desviar la responsabilidad de las acciones que tenemos el poder de realizar.
…
Como feministas, tenemos que politizar incluso las cosas que aparentemente son mundanas en nuestras vidas, como la comida que consumimos. La Dr. A. Breeze Harper, creadora del proyecto Sistah Vegan, dice:
“No puedo ver sin más la comida como un “objeto mundano y cotidiano”. Entiendo el significado que se aplica a la comida como algo que representa una cultura entera de ideologías que lo rodean todo. Por ejemplo, la comida me puede relatar las expectativas sexuales, los roles de género, la jerarquía racial de poder y la capacidad de una sociedad”.

Afrontarlo con preguntas críticas sobre nuestra dieta, así como revisar los organismos de los que hablamos en nuestra teoría feminista, es uno de los primeros pasos para descolonizar nuestras mentes y cuerpos del patriarcado blanco supremacista.