Mostrando entradas con la etiqueta cuerpo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuerpo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Entrevista: Desnúdate Autoestima Corporal

Os traigo una entrevista con Noemí Conde; ella y Aizea Villarreal son las dos mujeres apasionadas e implicadas con el mundo de la mujer y la cuestión de género que, a través de Desnúdate Autoestima Corporal, ponen sus conocimientos y experiencia al servicio de mujeres en procesos de recuperación de trastornos de la conducta alimentaria y construcción de una verdadera autoestima.


·Os especializáis en el tratamiento con enfoque de género, es decir, desde una perspectiva feminista, de los problemas de autoestima, de la insatisfacción y el desamor con nuestros cuerpos. ¿Qué os llevó a empezar con Desnúdate Autoestima Corporal? ¿Qué os está suponiendo esta trayectoria profesional, y no por ello menos personal y colectiva, en vuestro propio crecimiento y aprendizaje?

Aunque Aizea y yo venimos de mundos diferentes, la relación con el cuerpo nos ha unido: Un proceso de recuperación de Bulimia. Ocho años de experiencia como estilista y publicista para medios de comunicación. Mañanas y tardes acompañando a mujeres con Trastornos de la Conducta Alimentaria. Jornadas completas vistiendo a modelos y actrices.

La vida es aprendizaje, cada una de las experiencias vividas se transforman en conocimientos de un valor incalculable que nos ayudan a crecer y avanzar.

Ambas hemos vivido la presión del cuerpo en nuestra piel, llegando a olvidarnos de nosotras mismas, de nuestra esencia. Y concretamente ése ha sido nuestro motor. Aizea, durante su carrera profesional como estilista, ha visto como mujeres que aparentemente cumplían con los cánones vivían infelices con la presión del cuerpo.

Por mi parte, una enfermedad me hizo despertar y relacionarme en un mundo donde la exigencia y la perfección hacían mucho daño.

Nuestra especialización desde la psicología y el trabajo corporal expresivo despertaron en nosotras la misión de acompañar a este colectivo que tanto nos había tocado de cerca.

Acompañar a mujeres que tienen dificultad en la relación con su cuerpo, llegando muchas de ellas a padecer un Trastorno Alimentario, es un privilegio, un recordatorio constante de cómo nos atraviesa a todas las mujeres el patriarcado, y en este caso la presión social en el cuerpo. A nivel tanto profesional como personal, nos enriquece y nos hace tomar consciencia de una realidad social con hechos concretos: los abusos sexuales, maltratos y violaciones están más presentes de lo que podemos llegar a imaginar.

Cada día nos encontramos a mujeres muy bellas por dentro y por fuera que se fustigan por no llegar a ése ideal de belleza que se han marcado. Cada día tenemos más claro que no se trata de una cuestión de peso.


·¿Podríais contarnos un poquito sobre lo que hacéis en un tratamiento promedio, es decir, qué podéis ofrecer a las mujeres que acuden a vosotras a nivel práctico y cómo de constructiva está siendo hasta ahora la experiencia de ofrecer estos tratamientos?


En Desnúdate ponemos a disposición nuestro bagaje, dos mochilas de experiencias vitales y profesionales únicas sumadas a una amplia formación especializada en psicología y crecimiento personal.  

Nuestro método es creativo y flexible. No existe un proceso igual, todos son totalmente personalizados y adaptados a las necesidades de cada una de nuestras pacientes. Nos basamos en una combinación original de disciplinas, corrientes y técnicas que nos han ayudado a conocernos y amar nuestro cuerpo.

Algunas de ellas son:

La Terapia Gestalt. La PNL, centrada en el diálogo interno de la persona. El Movimiento vital expresivo. La escucha y la observación. El Estilismo libre color, el disfraz y vestuario creativo. La música, el ritmo y la danza. Plástica. El juego, el contacto, la dramatización, la expresión y la creatividad. La respiración, la relajación, el masaje. La meditación y la visualización. El trabajo grupal, la identificación de emociones y paradigma personal.

El resultado, después de acompañar a muchas mujeres, nos hace confirmar nuestras hipótesis. El trabajo emocional y corporal, la detección de necesidades y contactar con el placer, la flexibilidad, desde el permiso; siendo consciente de lo que quieres en tu vida y lo que no, es lo que hace que esa flexibilidad y adaptación también se empiecen a aplicar en la relación con el cuerpo, en ver aquellas partes “imperfectas” como parte de la esencia de cada una.

Los resultados son claros: las mujeres que empiezan con Desnúdate, en un largo plazo de trabajo personal, son capaces de empezar a relacionarse con su cuerpo desde una postura más compasiva y amorosa.


·Vuestro método de tratamiento bebe de diferentes disciplinas terapéuticas, algunas especialmente creativas. ¿Cuál es para vosotras el mayor defecto del acercamiento hegemónico ahora mismo a los trastornos de la conducta alimenticia y los problemas de autoestima desde las clínicas y las consultas? Como mujer que lleva años en tratamiento, entre otras razones, por mis problemas de autoestima y con mi cuerpo, me interesa especialmente saber ¿qué podéis ofrecer vosotras a las mujeres que recurran a vuestro tratamiento que no vayan a encontrar igual en centros de otro corte?


Desde nuestro punto de vista, las clínicas centradas en el tratamiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria están muy centradas en el síntoma, en la parte visible del trastorno. Nosotras siempre hacemos la comparación del iceberg para explicar qué es un TCA. La parte visible del iceberg es el síntoma: lo que se puede observar desde fuera por el comportamiento. La parte sumergida son las emociones: el trasfondo que hace surgir la enfermedad y aviva las inseguridades.

Desde los centros de tratamiento hay un foco puesto en la parte visible del iceberg, en el control o descontrol con la comida y con el cuerpo. Y en un momento concreto de la enfermedad es muy necesario este foco, no obstante, si sólo se trata el síntoma y no se baja a los fondos marinos, el trastorno es muy probable que vuelva a resurgir en otro momento en el que se presenten situaciones adversas, dificultades o vivencias que alteren la cotidianidad. Esas recaídas vuelven como un fantasma hasta que hay un trabajo emocional profundo que te consiga dar herramientas para enfrentarte a esas adversidades que pueden hacer balancear ese “equilibrio” creado desde un tratamiento cognitivo conductual.


·Igual es una pregunta muy básica, pero me parece importante recalcarlo ¿por qué es necesaria una perspectiva feminista, una perspectiva de género, en el tratamiento de los problemas de autoestima y amor propio corporales? ¿Creéis que en el programa de estudio habitual y especializado en estos tratamientos se profundiza lo suficiente en el canon de la socialización patriarcal?


La sexualización del cuerpo femenino y la creación de unos cánones de belleza concretos impuestos por el sistema heteropatriarcal en el que vivimos; un sistema sociopolítico donde el género masculino y la heterosexualidad priman sobre otros géneros u orientaciones sexuales. Así, en este caso, el cuerpo femenino se ha moldeado y se ha normativizado según la visión masculina, con el objetivo de agradar al hombre. Cánones que han ido variando según el momento histórico, siendo ahora la delgadez la norma que impera. 

Además, dentro de la delgadez, existen unos atributos concretos que hacen un cuerpo deseable, como: pechos turgentes, piel lisa, blanca y suave, labios carnosos, mirada penetrante, cabello largo y sedoso… Atributos muy coincidentes con una etapa concreta de edad: la juventud, momento de plenitud según lo que se entiende para el género femenino.

Así, para llegar a esos atributos concretos, las mujeres han aceptado todo tipo de medidas de adoctrinamiento: dietas, cosméticos, tintes, tratamientos anticelulíticos, operaciones estéticas… Y en todo este sinfín de medidas aparecen los TCA, llevando la represión y el control a un extremo incontrolable y llevando al descontrol, en muchas ocasiones fruto de ese descontrol.

Por ello, la perspectiva de género y las herramientas feministas las consideramos básicas y uno de los motores más empoderadores que puede llegar a tener la mujer para la conciliación con su cuerpo.


·Otro problema que he percibido en mis años de tratamiento ha sido la ausencia de una verdadera conciencia de la problemática que suponen los abusos, las agresiones y el acoso sexual en la configuración de la autoestima y los hábitos de vida saludables de nosotras las mujeres. Con cada vez más estudios apuntando a la correlación entre el haber sido víctima de abusos y los problemas de autoestima (llegando estos a cristalizar, incluso, en trastornos de la conducta alimenticia) ¿cuál es vuestra propuesta a este respecto, cómo creéis que se puede abordar este sufrimiento desde la posición de la especialista?

Como bien comentábamos en la primera pregunta, los abusos sexuales, acoso y bullying están muy presentes en nuestras sesiones tanto individuales como grupales. El abordaje de estas experiencias es muy delicado y siempre se tiene que hacer desde una posición muy respetuosa, pautada y lenta. El ritmo y la manera de incidir siempre estará en constante revisión y supervisión al ritmo de cada persona. No hay que olvidar que son experiencias traumáticas que crean mucho sufrimiento y que marcan de manera muy clara el desarrollo de cada mujer. Por ello, el abordaje desde la ternura, la autocompasión y el respeto es muy necesario. Estos casos requieren de un ritmo muy lento que respete el momento de cada mujer. Desde estas experiencias, en muchas ocasiones proponemos también el trabajo grupal desde organizaciones que incidan en estas experiencias, para poder sentirse acompañadas y respaldadas en todo momento.


·Por último, quisiera preguntaros ¿cuál es vuestro lema de cabecera, aquello que le diríais a una mujer que no sólo padece por su autoestima y su relación con su cuerpo, sino que ya quiere tirar la toalla? A veces, todas necesitamos un poco de apoyo.

A nuestra consulta muchas veces vienen mujeres que ya han probado todo, que han pasado por diferentes especialistas y nos dicen “es que estoy cansada”.


Y desde aquí dejamos claro tres ejes muy importantes: tienes la suerte de que tu cuerpo te habla, tu cuerpo te avisa cuando hay algo que no funciona. Esa alarma, en tu caso, está muy relacionada con la relación con el cuerpo y la comida. Cuando esa relación tiene etapas que son más conflictivas, es importante que puedas atenderlas, porque te están dando mucha información de aquello que te pasa, de que hay algo que no estás atendiendo. En otras personas, puede que la alarma se active de otras maneras: hacer muchas cosas, deportes de riesgo que creen emociones fuertes, alcohol, drogas, relaciones tóxicas, tabaco…. Tu cuerpo tiene esa salida.

Desde ahí, es importante atender a que el TCA es el automatismo que tu cuerpo ha elegido para reclamar atención, para que pares y te atiendas. Así, es como si tu cuerpo tuviera una patita coja, y a esa patita coja es importante que puedas diseñarle una muleta a tu medida, una muleta con tus colores, con tu altura y que siempre puedas ir revisándola, puedas ir tuneándola porque a lo mejor conforme vaya pasando el tiempo esa patita necesite otro tipo de soporte, otro diseño, etc. Es un trabajo de largo recorrido y de escucharte constantemente, de oír esas señales que tu cuerpo te está mandando. La niña te está gritando, te está pidiendo que la mires.

Dale gracias a tu trastorno porque ha elegido una opción menos adaptativa que hace que tengas que atenderte de manera más incisiva.

Asimismo, algo que hace descansar mucho, aunque parezca mentira; es que tomen consciencia que es algo que siempre te va a acompañar, tu cuerpo siempre te va a preocupar y ese síntoma en ocasiones se puede reactivar cuando aparezcan imprevistos o situaciones que les hagan sufrir. La idea es, como hemos comentado, poder encontrar esa muleta a tu medida, exclusiva y única; con herramientas para enfrentarte a esas situaciones y que no tenga que saltar la alarma.

lunes, 8 de enero de 2018

Entrevistando a la Resistencia: Regla Fanzine

En la catorceava entrega de Entrevistando a la Resistencia, en que entrevisto a activistas, artistas y, en la mayoría de los casos, ambas; os traigo una entrevista con Sasha, la creadora del Regla Fanzine (Blog: Regla Fanzine / Instagram: Regla Fanzine / Twitter: Regla Fanzine).

El fanzine se define como "revista colaborativa y autoeditada donde se escribe, se siente, se ve y se oye la menstruación como algo bonito."; y ahora, la entrevista.


1. ¿Cómo nació la idea del fanzine colaborativo Regla? ¿Cuál es, más allá de lacreación y divulgación artística, el propósito de este fanzine?

Como explico en la “nota editorial” del fanzine, la idea llevaba gestándose desdemi primera menstruación, en 2010. Mi madre me hizo una fiesta en su honor convarias mujeres de la familia, y mientras en casa era algo bonito, en el colegio era untema tabú. Y yo quería hablarlo, compartir cosas, pero no sabía dónde. Necesitabaun espacio donde hablar abiertamente de la menstruación desde el cariño. Yesto es justamente lo que pretende ser Regla.


Durante muchos años la menstruación ha sido un tema recurrente en miscreaciones, hasta que escribí un artículo argumentativo sobre las copasmenstruales para una asignatura de la universidad. Al profesor le gustó tanto queme animó a mandarlo a sitios para que me lo publicasen. Y justo coincidió queestaba descubriendo el mundo de los fanzines, así que de repente lo tuve claro: sipublicaba ese artículo lo iba a publicar por mí misma, iba a crear un fanzine sobrela regla. Empecé a contarles la idea a mis amigas más cercanas, y a medida que veíaque lo iban acogiendo superbién fui abriendo círculos: me puse en contacto congente a la que no conocía pero que ya había tratado el tema, spammeé un poco porredes sociales… y la respuesta siempre era positiva, se iban sumandocolaboradoras, también me hablaba gente que no me conocía de nada diciendo quequería participar… Y así hasta reunir suficiente material para un fanzine decincuenta páginas donde lo más importante es que somos muchas, y quecualquiera se puede unir. Me gustaría que fuera un espacio que cada una sintieracomo propio.



2. ¿Cómo fue la presentación en físico del fanzine Regla? Cuéntanos quésentiste, qué lazos se forjaron, qué se pensó; qué caracterizó a estenacimiento tan especial.


La primera presentación, el 10 de junio de 2017, fue en la librería Sons ofGutenberg, en el Raval de Barcelona. Hablé con Adrià, el dueño de la librería, incluso antes de tener el fanzine terminado, y me dijo que estaría encantado deacoger algo así. Me dejó hacer lo que me dio la gana: conté un poco la historia delfanzine, puse pica-pica rojo, había sangría, hicimos un sorteo de cosas rojas… Ypara terminar tocó Wavelet, un grupo amigo, que por aquel entonces todavía nohabía tocado nunca en Barcelona. Un win-win todo. La gente que vino, tantoamigos míos, colaboradoras y gente a la que no conocía, salió de allí muy contenta(me parece, vamos), pero yo feliz de la vida al ver que se acogía tan bien. Esamisma noche cogíamos una amiga y yo un bus a San Sebastián, donde nos esperabael Guillotina, Festa un festival muy bonito de autoedición donde teníamos un stand.Me estrenaba también en un espacio así, y fue muy guay vivir tantas cosas nuevas ala vez
En julio hicimos dos presentaciones en Madrid, en el bar Aleatorio y en la libreríaNakama. Fue muy mágico. Nos las organizó Pilar Boadicea, colaboradora delfanzine, sin conocernos en persona ni nada. En ambas cantó Charlotte, a la queconocía un poco por Twitter. Se lo propuse así un poco random y enseguida aceptó(y cantó genial). Y en los dos locales todo el mundo fue muy majo. En general, laciudad nos acogió superbién.


Y la última presentación, en octubre, fue en Figueres, la capital de mi comarca y miciudad natal, en la librería Low Cost. Me ayudó a presentar Rebecca Alabert, amigaen común de los libreros y mía, y para terminar cantó Uri Beer. Fue más familiarque las otras (literalmente, por fin pudo asistir mi familia al estar más cerca decasa). Fue un poco como cerrar un círculo, ya que estaban también las mujeres demi fiesta de la menarquía, incluida mi madre.

Todas las presentaciones y la creación del fanzine en sí han realzado mi fe en laspersonas bonitas y en el universo <3



3. El fanzine Regla me parece el ejemplo p
erfecto de como el arte puede ser
político, puede ser una trinchera de lucha, en este caso por la visibilizacióny desestigmatización; más allá del mero propósito estético. ¿Qué significapara ti el arte, en tus propias palabras; y qué ha supuesto estacreación artística colaborativa en tu vida?
fotografía de Alba Pérez.

El arte puede definirse de muchas formas, supongo, y cada persona lo hará a sumanera. El hecho de que Regla sea un fanzine colaborativo lo remarca todavía más.Quería que cada página definiese la menstruación por cada artista, desde su visión,no desde la mía. Me gusta pensar que todos vemos las cosas de manera distintapero a la vez nos podemos juntar a hacer algo. Cuando digo que Regla es unespacio donde ver la menstruación como algo bonito, me refiero a eso, a acogerlacon ternura, con cariño, y me parece que no hay mejor forma de hacer eso quedesde el arte, sea en la forma que sea. Un poema siempre me parecerá más bonitoque un artículo académico (aunque las dos cosas sean necesarias). No sé si herespondido mucho a las preguntas, pero para mí Regla es eso, un espacio donde elarte une y da visiones distintas de una misma cosa.



4. ¿Cuál es la relación entre el fanzine Regla y el feminismo, los feminismos?Sobre todo ¿cómo crees que se debe enfocar el activismo contrael tabú de la menstruación desde los feminismos teniendo en cuenta que notodas las mujeres menstrúan, y que a menudo se cae en tópicostransmisóginos cuando se habla de la regla?


Esta es la pregunta que más respeto me da. Cuando empecé con el fanzine no meconsideraba feminista y sobre todo no quería que esta palabra apareciese enningún lado. Creía que era una lucha necesaria pero no la mía(¡!!?!). Que “tal vez loque hago es feminista pero no lo quiero etiquetar como tal”. Realmente en ningúnmomento empecé nada “por el feminismo”, más bien por mí, por mis ganas dehablar de la regla de más niña. Ahora, en perspectiva, me doy cuenta de que esbastante tontería el rechazo que le tenía a la etiqueta de feminista (aunque rechazolas etiquetas en general). Y bueno, a parte de esto, Regla no es “para mujeres”, espara hablar de la menstruación seas quien seas, menstrúes o no, aquí puedes sitienes ganas o la necesidad de ello. Fue justamente el hecho de investigar para elfanzine lo que me hizo caer en la cuenta de que hay mujeres que no menstrúan y hombres que sí. De hecho, unx de lxs colaboradorxs, Cass Clemmer, de Australia,(que me pidió explícitamente referirme a su persona como “the artist” osimplemente “Cass”, es de género no binario. Por todo esto, quise añadir esta nota al final de la revista:

Desde Regla queremos aclarar que somos conscientes de que hay mujeres que no menstrúan y personas menstruantes que no se identifican como mujer. Si en los textos y/o las imágenes que hay en este número hemos usado pronombres femeninos o hablado desde una perspectiva femenina, seguramente es porque la mayoría de personas que han colaborado se identifican como mujer y han querido y creído necesario expresarse así. En ningún momento tenemos la intención de excluir ni ofender a nadie. Regla solo pretende ser un espacio respetuoso y abierto a todo el mundo donde hablar de la menstruación desde el cariño. Si tienes algo que decir, ¡te esperamos en el siguientenúmero!

PD: Me gustaría añadir que me parece muy bonito que Alba Pérez, la autora de lafoto de la portada y algunas más, está entrevistada en tu blog ya de antes. Lascoincidencias bonitas molan <3 (http://pensandoenlila.blogspot.com.es/2016/08/mujeres-y-fotografia-para-nosotras-de.html).



viernes, 8 de julio de 2016

Cuerpos contra idealismos

Hace unos meses, escribí un artículo llamado “Cómo amar tu cuerpo en 10 sencillos pasos”. Quitando algunas críticas que me acusaban de ser la versión feminista de Mr. Wonderful, todo fueron aplausos: recuerdo especialmente las fotografías que me mandó una seguidora de los post-its de su carpeta con mis consejos escritos sobre papel fosforescente, que me llegaron al corazón.
En su momento, tenía la mejor de las intenciones y en absoluto pretendía ser la versión feminista de Mr. Wonderful. Cada consejo pretendía ser una solución para problemas que me habían llevado años de auto-odio y quebraderos de cabeza; pretendía condensar en unas cuantas líneas toda mi experiencia de detestarme, aceptarme, y luego por fin empezar a quererme.

Ahora, sin embargo, no me gusta ese artículo. Me pone nerviosa leerlo y estoy de acuerdo con las críticas que recibió: es un artículo perfecto para la Cuore, con algún toquecillo más revolucionario, pero perfecto para la Cuore si le aplicamos unos cuantos retoques. Un artículo fácil de digerir, dirigido a un público de lágrima fácil (el mismo público que yo conformo) y de carácter marcadamente optimista.

¿Qué es lo que ha cambiado desde que lo escribí, si realmente solo han pasado unos pocos meses? ¿Si se basaba en una experiencia personal que sigue construyéndose como mi Biblia al hablar de amor propio? ¿Si incluso mencionaba la necesidad de dejar de lado estar guapa, de querernos vivas y libres?

Lo que ha cambiado es que leí un artículo en un libro que me compré en la bendita Fira del Llibre Anarquista de València. Un artículo llamado “Nuestros cuerpos: territorios ocupados”, encuadrado en un libro que trataba de nuestro cuerpo y nuestra complicada relación con este.
Y ese artículo me abrió los ojos a un mundo oscuro y nocivo, a un mundo venenoso que emponzoñaba nuestras miradas y nos dejaba los ojos chorreando arsénico que plantaba semillas de auto-destrucción al derramarse por todo nuestro cuerpo. Ese artículo me recordó que hablar del cuerpo no puede ser hablar sólo de lo individual, del primer odio y la consecuente batalla por el amor propio, sino también de lo colectivo: de cómo la sociedad en general y los hombres en particular trataban y tratan nuestros cuerpos independientemente de nuestra relación con ellos.
De cómo ocupan nuestros cuerpos, ­­­de cómo acabamos disociándonos de estos para poder sobrellevar la realidad de vivir en un cuerpo usurpado por manos ajenas.

Este artículo me hizo visualizar la otra cara de la moneda; me ayudó a darme cuenta de que más allá del escrutinio al que sometemos a nuestros cuerpos, está la separación que implementamos entre nosotras mismas y estos. De que el problema no es tanto vivir demasiado pegada a mi cuerpo para vigilarlo; como lo es vivir alejada de él y de su realidad cotidiana de comer, moverse, dormir.
Unas chicas que matan de hambre a sus cuerpos ¿están obsesionadas con estos, o demasiado distanciadas de ellos como para poder complacer sus necesidades más básicas? Quizás os parezca una mera distinción en el planteamiento, pero para mí, se ha convertido en una distinción importantísima.

Porque he empezado a plantearme hasta qué punto puedo proclamar que “amo”, que “acepto” incluso mi cuerpo, cuando todavía no se me permite habitarlo plenamente.

Así, me planteo hasta qué punto hemos sido (he sido) individualistas, idealistas incluso, al centrarnos en querernos antes que en analizar cómo nos ha afectado la ocupación de nuestros cuerpos por parte de medio mundo a la hora de relacionarnos con ellos. Hasta qué punto hemos presionado a muchas chicas para que se sacaran selfies y empezaran a mostrarse desnudas, lo cual está muy bien, pero no les hemos proporcionado ninguna herramienta para ayudarles (ayudarnos) a entender por qué eran incapaces de comer cuando tenían hambre o por qué se desconectaban de la realidad cada vez que tenían sexo.

Lo cual no está tan bien.

Creo que, por un lado, ha sido por un mero acto de supervivencia: ante un mundo que sacaba las garras cada vez que aparecía un pelo o un kilo de más, hemos tratado de seguir adelante con lo puesto y para ello ha sido necesario querernos un poquito. Creo que la realidad era demasiado dura como para verla en todo su espanto sin echarse a llorar y después de tantas lágrimas derramadas por los pelos y los kilos de más, necesitábamos alguna que otra sonrisa para compensar.
Y soy la primera que ha necesitado un cierto optimismo desde el feminismo, la primera a la que quererse un poquito le ha ayudado a mejorar su calidad de vida. Soy la primera que defiende la supervivencia como algo más que “reformismo”.

Pero, por otro lado, me parece que si fagocitar y remodelar nuestros planteamientos les ha sido tan fácil a las empresas, los noticiarios y el neoliberalismo igualitarista en general es porque, al final del día, de revolucionarios tenían poco. Porque nos dedicábamos más a consolar a la víctima que a señalar a los culpables, porque éramos las primeras en maquillar las mejorías como si de ganar la guerra se tratara.
Yo he participado en una pegada colectiva de adhesivos con el lema Eres Más Que Tu Talla. He visto el brillo en los ojos de mis compañeras, la rapidez con que se ha expandido por toda España e incluso América del Sur. Me he dado cuenta de cuán necesario era recordarnos que estamos todas juntas en esta dura jornada del querernos, pero también de con qué facilidad convertían los medios (y a veces, nosotras mismas) nuestra lucha contra un canon patriarcal en una batalla individual por “amar nuestras curvas”.

¿Por qué me planteo “amar mis curvas” antes que aprender a convivir con este jodido cuerpo que tan difícil me lo pone todo en un mundo que no existe para él? Porque aprender sobre mi cuerpo, conocerlo, implicaría darme cuenta de quién tiene la culpa de que este se haya hecho pequeño: los hombres que han tratado de usurpármelo y la sociedad que ha ocupado sin reparos el espacio que le correspondía a este mi cuerpo.

A lo que me refiero es a que responsabilizarnos a nosotras mismas de querernos y escribir artículos de lágrima fácil sobre cómo hacerlo es mucho menos duro que señalar a los culpables y ahondar en la mierda de cuán jodida está la relación con nuestro cuerpo. Querernos está bien, está genial, pero quizás es el objetivo final y no el camino y antes hace falta una concienciación colectiva de cuál es la situación global de los cuerpos de las mujeres, de cómo son usurpados no solo mediante básculas y dietas sino también mediante todo tipo de operaciones tanto legales como ilegales para robarnos el control sobre estos.

Por eso, este es un llamamiento a todas, y especialmente a mí que soy la primera que he pecado de esto, para dejar de tenerle miedo a la realidad que enfrentamos. Para sentarnos en círculo, abrir debates en redes sociales, y hablar de lo que nos pasa con nuestros cuerpos. Más allá de si los odiamos. Más allá de si los queremos. Hablar de cómo los tratamos. De cómo los concebimos. De cómo los habitamos.

Y este es un llamamiento, ante todo, a establecer las conexiones entre las ablaciones del clítoris y la ilegalización del aborto. Entre la histórica patologización de la rabia femenina mediante el diagnóstico de histeria y el encierro de mujeres trans en cárceles de hombres. Entre las tallas excluyentes y la esterilización forzosa de mujeres negras, indígenas, discapacitadas, enfermas.
Porque nuestros cuerpos los han ocupado, históricamente, y los siguen ocupando hoy día. Porque aunque parezca que no, lo que le hacen a mi coño y lo que le hacen a mi cintura, lo que le hacen a tu pene y lo que le hacen a sus pechos tiene una constante en común: la toma de algo que no es suyo para regularlo, controlarlo, extirparlo, lobotomizarlo, empequeñecerlo, esterilizarlo… usurparlo.

Porque somos Las Usurpadas. Como dijo Eduardo Galeano, somos las dueñas de nada, porque nos han quitado lo más nuestro.

Y fingir que podemos recuperarlo pronunciando cuatro trucos mágicos frente al espejo y sacándonos muchas selfies no nos va a devolver nuestros cuerpos, solo versiones prestadas de estos.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Cómo amar tu cuerpo en 10 sencillos pasos

Cómo amar tu cuerpo en 10 sencillos pasos:

1. Reconoce cuánto te ama. Date cuenta de que nunca le correspondes y aun así sigue amándote así.
Reconoce cómo tu cuerpo sana y cicatriza tus heridas, acumula cada gramo de comida para nutrirte, aguanta sin agua ni sueño, soporta drogas y sustancias.
Dale las gracias. Pídele perdón por dar tanto por sentado, aunque lo cierto es que nunca te ha culpado.

2. Encuentra las partes de ti que sí te gustan. Resáltalas. Subráyalas.
Si odias tu nariz pero te gusta tu boca, cómprate un pintalabios. Si detestas tus piernas y no quieres enseñarlas, encuentra el tipo de pantalón que más las favorezca. Si no puedes soportar mirarte al espejo de cuerpo entero, maquíllate y haz una obra de arte de tu cara.
No tienes por qué dejar de odiar lo que llevas años detestando, pero empieza a amar aquello que nunca te ha estorbado lo suficiente como para llamar tu atención.

3.  Deja de hacerle daño. Si no puedes mimarlo, al menos para de herirlo, insultarlo, desnutrirlo.
Cúrate las heridas, vuelve a desayunar todas las mañanas, manda callar a tu cabeza cuando te encuentres con tu reflejo.
Puede que no sea tu amigo, pero ¿qué te ha hecho tu cuerpo para ser tu peor enemigo?

4. Cuida de él aunque lo encuentres feo. La gente cuida de sus bebés y los bebés son feos.
Relaciónate con tu cuerpo como lo harías con un bebé: trátalo como un proyecto en construcción, como una promesa que respira. Descubre cuánto te queda por crecer y no te des por perdida.
Mímate. Cómprate jabones, acepta los besos ajenos y aprende a dártelos tú. Regálale ejercicio, paseos, comida deliciosa y saludable, personas que te llenen, libros interesantes, películas fascinantes, sexo genial.

5. No esperes a amarlo para actuar como si ya lo hicieras. Finge. Sobreactúa.
Bromea sobre lo buena que estás en vez de sobre lo fea que eres. No consientas a nadie que se ría de ninguna parte de ti. Sobrevalora tus logros, prémiate por cada notable como si fuera un sobresaliente, apláudete.
Al actuar como si te amaras, sólo se te acercarán personas dispuestas a amarte tanto como pareces hacerlo tú. Personas a tu altura. Personas que te valoren y te enseñen, poco a poco, a valorarte.

6. Deja de observarlo y empieza a utilizarlo: es un instrumento, no un adorno.
Baila, salta, agujeréate la ceja. Hazte un tatuaje. Fotografíate. Pinta sobre tu piel.
¿No has oído nunca eso de que el arte no tiene por qué ser bello, basta con que te haga sentir algo?

7. Si este mundo le queda pequeño, constrúyele otro a su medida. A su altura.
Compra por Internet en tiendas que sí tengan tu talla. Deja de ver America’s Next Top Model y cámbialo por una serie cuya protagonista sí se parezca a ti. Deja de leer revistas sobre cómo perder peso, cómo hacer que tu pecho parezca mayor, cómo librarte de los granos.
Empieza a escribir en su lugar un libro sobre cómo amarte a ti misma y te prometo que un día serás capaz de acabarlo.

8. Aprende a relacionarte de forma natural con tu cuerpo desnudo. Tócate frente al espejo.
Duerme desnuda. Quítate el sujetador más a menudo. Acaricia tu pecho plano de mujer. Extiende loción sobre las partes que más odies de tu cuerpo.
Acepta tu desnudez.

9. Desaprende la belleza obligatoria. Explora con libertad tu fealdad.
Ríete demasiado alto aunque se te pongan muecas, sal de todas formas aunque no te haya dado tiempo a lavarte el pelo. Hazte un septum en esa nariz torcida, cómprate una camiseta con la que se te vea la tripa.
Como leí una vez, no somos guapas, no somos feas, estamos enfadadas. La rabia te liberará.

10.  Haz memoria. El resto vendrá solo, aunque tarde.

Lo prometo.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Carta de amor a mi cuerpo III, por @nxdrc

La tercera entrega de esta maravillosa serie que tanto me alegro de haber desencadenado nos viene de la mano de Aran Lo, @nxdrc en Twitter. Leedla y que os llene tanto como a mí el hacerlo y a ella, espero, el escribirla.

"Querido cuerpo:

Hoy, 26 de noviembre, quiero pedirte perdón.

A lo largo de la vida te he estado maltratado en innumerables ocasiones y he pagado contigo todos mis malos momentos cuando, al fin y al cabo, tú seguías ahí.

Quiero pedirte perdón por haber tardado tanto en aceptarte tal como eres, por haber tardado tanto en darte lo que necesitabas.

Quiero pedirte perdón por todo lo que te hice en esa mala racha, ¿recuerdas? Yo jamás lo podré olvidar porque te hice mucho daño. Quiero disculparme por cada corte, cada golpe y cada quemadura. Siento muchísimo el haberme atiborrado de comida y luego haberte forzado a escupirlo todo fuera de mí, sabiendo el daño que estaba causando. Por otro lado, también siento mucho esas temporadas en las que te mataba de hambre y te bañaba en lágrimas deseando despertar con unos centímetros menos de ti.

Siento mucho haber sido una estúpida.

Siento no haberte mimado más de vez en cuando, como cuando salíamos a correr o a pasear y disfrutábamos tanto, o cuando atendía a tus necesidades a su debido tiempo, o cuando te daba cosas deliciosas y saludables.

Hoy, prometo cuidarte y protegerte hasta el fin de mis días. Prometo aceptarte y amarte. Prometo llenarte de risas y de buenos momentos; prometo darte abrigo cuando tengas frío; y te vestiré con la ropa que más te guste, y todos los días te recordaré lo bonito que eres. Te daré relajantes baños con jabones de mil olores, y protegeré tu piel con la crema que más suave la deje. Te acariciaré cada mañana y al dormir, y nunca, nunca, me separaré de tu lado.

Fdo.: una mente desordenada que, aunque no te lo diga muy a menudo, te quiere más de lo que imaginas."

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Carta de amor a mi cuerpo II

La autora de esta maravillosa carta es @gata_sorda en Twitter, que se une a nosotras para pedirse perdón y prometerse quererse. Nada más que decir que no diga ya ella.

A mi querido cuerpo:

Hoy te escribo para avergonzarme, te escribo para hacerte saber todo lo que siento haberte hecho pasar, por todo lo que has tenido que soportar.

Perdóname, cabeza, por no dejarte vivir en silencio. Por comerte todas las noches y más de una mañana o tarde. Perdóname por no tenerte en cuenta cuando era el corazón quien hablaba. Perdóname.

Perdón, cuello, por no darte las caricias que mereces. Por no mimarte. Por no dejarte las marcas que necesitas, por no demostrarte que eres lo mas sensible en mí.

Perdonadme, costillas, por tantos golpes, por tantos apretones de aquellos que no merecían acercarse. Perdonadme por arañaros, malcriaros, heriros.
Perdonadme pechos por odiaros. No soy capaz de veros bonitos. No soy capaz de superar la opinión que otros han plasmado. Perdonadme si no os he hecho sentir como debíais, bonitos, valiosos y preciados.

Perdóname, barriga, tanto dentro como fuera, por golpearte, arañarte,lesionarte, por no alimentarte y luego hacerlo demasiado, por haberte hecho tragar tantas sustancias que no debías, y cuando las has intentado devolver prohibírtelo. Perdóname, no lo merecías ni mereces.

Perdonadme brazos por morderos, y sobretodo muñecas, perdonadme. Sois de las que más busco perdón. Sois en las me he desahogado, sois las que aún tenéis marca de la desgracia de otros. Sois las que aun tenéis que soportar presión, tristeza, enfado. Perdonadme. Siempre habéis sido mis compañeras, siempre habéis sido mi apoyo, y no he hecho más que maltrataros, dañaros, arañaros, apretaros. No merecíais nada de eso, merecíais y merecéis lo mejor. La alegría, los dibujos. Miles de mariposas que os envuelvan. Que os acaricien. No más cuchillas, no más filos, no más cristales, solo seda acariciándoos.

Perdonadme, caderas, por no valoraros cuando tocaba y exhibiros cuando no. Por entregaros a cualquier promesa tonta de felicidad y gozo. Por dejaros pasar el peor momento de mi vida. Por dejar que las manos de aquel intruso se posaran en vosotras, y no su cara en mis puños. Perdón por los golpes una vez más, cuerpo mío, perdón por no perdonarte ni una de mis desgracias.


Perdón, piernas. Por todo. Y vosotras, actualmente malheridas, incapaces de ser mostradas a nadie más que no respete lo que os he hecho. Vosotras que me aguantáis en pie, que me recogéis y me arropáis cuando más desesperada estoy. Que me habéis hecho huir, esconderme de lo que debía, disfrutar. Os he lesionado, un mes de venda no fue suficiente con el deporte que me lo hizo. Perdonadme por ser la manera de refugiarme de lo que le había hecho a mis muñecas, perdonadme por quedar marcadas para siempre. Perdonadme por no contenerme. Por decir «no se ve, nadie lo sabe, nadie lo siente si no se ve». Perdonadme por recibir caricias donde no debíais, caricias que os han dañado. Caricias que han hecho que hoy y ahora estéis dañadas. Caricias que no deberían prometer nada y llevan demasiado sueños detrás. Perdonadme piernas por no saber cuidaros. Por maltrataros, otra vez. Por no saber refugiarme en otro lugar más que en la sangre que emanáis. Por no preocuparme si esto se mancha, si esto no se cura. No son vuestras cicatrices las que quiero curar.

Perdóname, corazón, por hacerte caso. Por hacer lo que decías cuándo eso solo traía dolor. Traía que te acurrucaras en mi pecho. Perdóname por hacerte latir más rápido de lo que debías. Por hacerte ir más lejos de lo que podías llegar. Perdóname.

Perdóname, cuerpo. Perdonadme cabeza, cuello, pechos, barriga, piernas y sobre todo: perdonadme, pies, por llevaros donde no debía, por arrastraros donde no quería, por machacaros por llegar donde sí quería.

Perdón. Perdóname. 


lunes, 16 de noviembre de 2015

Body Positive I: Más allá de la belleza

http://moosekleenex.tumblr.com/
El movimiento body positive tiene como objetivo el que todas nos aceptemos en nuestra piel, con nuestro cuerpo, y nos amemos a nosotras mismas más de lo que amaremos nunca a nadie. El movimiento body positive es, para mí, más un intento constante de tratarnos como tratas a quienes quieres que una carrera por alcanzar la meta del amor propio. El movimiento body positive es para todas, para las que ya se quieren, para las que nos queremos a veces más, a veces menos (la mayoría de nosotras), y para las que todavía se odian.
Así, como ya comenté en la primera entrada, el movimiento body positive trata en muchos sentidos de redefinir la belleza. Redefinimos la belleza como subjetiva, como una belleza de todas y para todas, sin límites de género, de peso, de espacio, de color, de altura, de edad o de capacidad. 

Así, podemos afirmar sin tapujos que, si nos vemos a través de nuestros propios ojos y estos miran a través de un velo de amor propio, todas somos bellas porque ninguna lo es objetivamente.

Este es un objetivo vital para muchas. Sobre todo, para aquellas a las que les han dicho desde el principio que su cuerpo nunca podrá ser bello sin cambiar primero; más aún, que ellas nunca podrán ser queridas mientras sean cómo son. Para las gordas, para las de piel oscura, para las planas, para las trans, para las “masculinas”, para las que envejecen, para las que tienen estrías (si es que no somos todas), para las chicas con diversidad funcional o las que no tienen fuerzas ni motivación para ducharse y mantenerse limpias. El canon de belleza nos limita, nos oprime a todas porque para eso es un canon inalcanzable, para que gastemos dinero, tiempo y salud en intentar sin éxito caber dentro; pero a unas nos deja más espacio que a otras.
Sin embargo, para mí el objetivo final del movimiento body positive es saber mirar más allá de la belleza. Es ser capaces de despreocuparnos de ser bellas. Es ser feas felices, feas despiertas en vez de bellas durmientes, feas que sueñan, que hacen y, en definitiva, feas que somos y que vivimos.

Por eso, en mi propia ruta bodyposi, el mayor reto pero también el más definitivo no ha sido aprender a sentirme guapa sino aprender a quererme independientemente de si me veo guapa o no. Ahora puedo decir que me quiero en mis días malos, me quiero con el pelo sucio, me quiero con ojeras, me quiero con ropa poco favorecedora, me quiero al entrar desnuda en la ducha después de otro día cansado. Porque aunque me quiera menos, aunque me quiera pero me cueste, aunque me quiera solo en privado, me quiero porque sigue siendo mi cuerpo, el que me da un continente para todo mi contenido. El que me mantiene viva, aunque a veces me frustre su funcionamiento.
La Venus del espejo - Diego Velázquez
Y quería escribir sobre cómo he ido aprendiendo a relacionarme de esta nueva forma con mi cuerpo. A quitarme, aunque solo fuera a veces (también tengo mis momentos de ponerme mi mejor conjunto y música sexi y bailar delante del espejo hasta que me enamoro un poco más de mí misma, no os creáis que no me gusta sentirme guapa como a la que más), las gafas de la belleza para verme tal como soy en realidad: un cuerpo. Una persona. Una mujer.

Así, lo primero que hice fue intentar cambiar el que era para mí el momento más duro del día. La ducha. Ducharme, enfrentarme a mi cuerpo desnudo de tú a tú, y luego recolocarme el pelo para el día siguiente me causaba una ansiedad terrible. A veces, me agotaba tanto mentalmente que tenía que ducharme sentada; no tengo dedos para contar cuántas veces he llorado en la ducha tampoco.
Pero, dado que tenía que hacerlo igual, decidí endulzar un poco este proceso. Por Navidad me regaló mi madre una loción hidratante de coco (cualquiera que me conozca sabe que me flipa el coco), y después de ducharme, una vez ya me había secado, me sentaba sobre la cisterna y delante del espejo me untaba el cuerpo entero de crema. Totalmente desnuda. Sintiendo todos mis pliegues y recovecos, mis llanuras y mis montes, como quien vuelve a casa después de haber pasado mucho, mucho tiempo fuera.
Empecé a ver mi cuerpo como el de un bebé. Nadie espera belleza de un bebé; tampoco ningún tipo de atractivo sexual. Nadie espera nada de un bebé; la gente quiere a los bebés solo por lo que son, y por todo lo que prometen poder llegar a ser. Así, yo me sentía como la madre que mima a su criatura después de bañarla; me sentía al cargo de mi cuerpo, me sentía agradecida por tenerlo, sentía una conexión más profunda con él de la que he podido sentir nunca con otra persona.

En esta jornada de amor propio, decidí continuar redescubriendo mi cuerpo desnudo. Ya llevaba tiempo aprendiendo a gustarme con ropa atrevida, maquillada o sin maquillar, en mis innumerables selfies y posando delante del espejo. Ahora, sin embargo, estaba llegando mucho más allá.
Comencé a ponerme menos ropa cuando estaba sola en casa. A quitarme el sujetador (para alguien que llevaba años durmiendo con sujetador para no notarse el pecho demasiado pequeño, esto era mucho) y, finalmente, a ir directamente en tetas. Al principio no dejaba de observarlas y cambiar de postura para favorecerlas más; pero a base de utilizar el ordenador, de leer, de comer en bragas empecé a acostumbrarme a que mi cuerpo no luciera siempre perfecto. A mi cuerpo al natural. A mi cuerpo visto con mis propios ojos.

Y, por último, este verano probé a dormir desnuda (o casi). No recordaba haber hecho eso desde que era muy pequeña; pero, al fin y al cabo, todo esto trataba en parte de relacionarme con mi cuerpo como antes, como antes de que el canon me cegara, me intoxicara la mirada. A cuidarme como cuidarías de una niña.
El caso es que me metí en bragas en la cama, con la humedad de la playa en agosto flotando en el ambiente y las sábanas pegadas al cuerpo. Me abracé con fuerza, crucé las piernas y un rato después estaba plácidamente dormida.
Así comencé a disfrutar de aquella pequeña liberación cotidiana, del librarme de las capas de ropa que me aprisionaban durante el día cada noche como quien se libra de los juicios y comentarios ajenos. Pero lo mejor era despertarme, los brazos sobre la sábana, mi cuerpo expandiéndose en aquella cama y la luz del sol bañando mi piel.

Despertar humana.

Despertar viva, bella o no bella, guapa o fea.

lunes, 26 de octubre de 2015

La sociedad y las chicas adolescentes

Las chicas adolescentes somos el chiste del que se ríe la sociedad entera: por nuestros gustos, nuestros problemas, nuestras jergas.

Pensadlo por un momento: se puede ser “muy pava” pero no “muy pavo”, te comportas “como una quinceañera” pero no “como un quinceañero”, chillas como una niña pero no gritas como un niño… el término “mojabragas”, que tanto se utiliza entre los jóvenes últimamente, habla por sí solo. Parecer una chica ya es vergonzoso en nuestra sociedad, pero parecer una chica entre los doce y los diecinueve lo es todavía más.
Y es que ¿qué hacen las chicas adolescentes, que tan vergonzoso es? Son fans de cantantes y actores “comerciales”, se compran posters, escriben fanfiction y chillan en los conciertos y los estrenos. Son enamoradizas. Siguen las modas. Suspiran por sus ídolos, sucumben a las hormonas y, en definitiva, están en la edad.

Sin embargo, los chicos adolescentes también están en la edad y yo no veo a nadie recordárselo tan a menudo. Los chicos adolescentes, de hecho, presentan mayores índices de consumo de alcohol a diario (ellas, sin embargo, toman más psicofármacos); y son más proclives al uso de la violencia. Los chicos adolescentes son, también, más homófobos y misóginos; son menos tolerantes y pacíficos. Este es un patrón que se repite en hombres y mujeres adultas, pero yo considero que en la adolescencia se da el mayor brote de reacciones hormonales por parte de los chicos y sin embargo es más vergonzoso cotillear con tus amigas (como una maruja) que pegarte con tus amigos.

Sigamos analizando las diferencias de comportamiento entre chicos y chicas, en la adolescencia. Las chicas adolescentes sacan mejores notas (y sin embargo tienen menos confianza en sí mismas que ellos), son más proclives a realizar cualquier tipo de voluntariado y además ayudan más en casa. También leen más y es que, al parecer, las chicas adolescentes hacen algo más que suspirar por ídolos inalcanzables entre los posters de su habitación.

Pero la verdadera pregunta aquí es ¿acaso los chicos adolescentes no tienen ídolos? ¿Acaso los chicos adolescentes no necesitan, en una edad tan difícil de maduración de la personalidad, grandes iconos a los que admirar e imitar? Por supuesto que sí. Los chicos adolescentes admiran a cantantes, futbolistas, motoristas y otros deportistas (generalizando, sí, porque esta es una comparación de estereotipos; desde luego que existen chicos adolescentes que idolatran a escritores y directores de cine). Pero no los adoran.
Porque los chicos adolescentes quieren ser sus ídolos, mientras que las chicas adolescentes quieren conquistar a sus ídolos. Los chicos adolescentes sueñan con ser futuras estrellas; las chicas adolescentes sueñan con enamorar a sus estrellas. Las chicas adolescentes idolatran a hombres, pero los chicos adolescentes no idolatran a su vez a mujeres. Los chicos adolescentes aprenden de sus ídolos en quién se quieren convertir; las chicas adolescentes aprenden de sus ídolos lo que las chicas adolescentes llevan siglos aprendiendo: de quién quieren ser.

Y esto nos lleva a otra pregunta: ¿por qué necesitan las chicas adolescentes a sus ídolos, por qué con esta desesperación que las lleva, desde a dedicar una parte importante de su vida a desconocidos, hasta a extremos como el #cutforzayn (en que se autolesionaban y subían fotos a las redes sociales por su ídolo)? La respuesta, para mí, está en lo que son: chicas y adolescentes. La adolescencia es una etapa, de por sí, de crecimiento, cambios y complicaciones; pero ser chica complica indudablemente esta misma etapa.

Y es que, cuando las niñas entran en la adolescencia, son arrojadas a un lodazal de misoginia. Se impone el dictatorial canon de belleza. Se entra en el mundo del sexo y de las relaciones amorosas. Es, en definitiva, una preparación para todo lo que implica ser mujer en una sociedad patriarcal como es esta.
Porque lo que espera a las niñas más allá de las cuatro paredes de su habitación empapelada de posters es un mundo inhóspito que se vuelve contra ellas cada vez más al crecer. Y nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos, como si los chicos de carne y hueso que están a su alcance fueran mucho mejores.

Nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos pero la otra opción es, muchas veces, un joven mayor dispuesto a aprovecharse de ellas (todas hemos tenido amigas, o hemos sido esas amigas, que a los 13 años se estrenaban en las relaciones y a menudo también en el sexo de la mano de un chico de 17). Nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos pero la otra opción es, muchas veces, un chico de su edad a años luz de madurez porque no ha crecido con miedo ni le han enseñado a reprimir sus impulsos como a ellas.
Nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos pero la otra opción es, muchas veces, un novio machista y controlador que las aparta de sus amigas. Nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos pero la otra opción es, muchas veces, un chico que compara sus cuerpos desnudos con el de la última porno.
Nos reímos de las chicas adolescentes por soñar con famosos pero la otra opción es, muchas veces, iniciarse en el sexo bajo presión y jugando con el consentimiento.

Nos reímos de las chicas adolescentes cuando, en definitiva, lo que deberíamos hacer es avergonzarnos de lo desprotegidas que las dejamos. Porque no son sólo los novios. En la adolescencia termina de viciarse la relación femenina con la comida; en la adolescencia despuntan la mayoría de trastornos alimenticios*, empieza la competición por la delgadez, por ocupar el mínimo espacio posible en un mundo que se ríe de ti cada vez que eres algo más que invisible.

Y el mismo canon de belleza que nos roba la comida nos condena a ser mujeres plenas antes de tiempo y permanecer, al mismo tiempo, niñas. A tener pecho, caderas y culo de adulta pero la ausencia de vello, granos y estrías de una niña. A ser perfecta pero parecer natural.
A probar el sexo para no ser una estrecha pero mantenerte virgen para no ser una zorra. Porque, como leí una vez, si follas muchas veces con la misma persona no eres promiscua pero si lo haces con chicos distintos sí.
Así, las chicas adolescentes vemos a nuestras amigas llamar dieta a matarse de hambre, amor al maltrato machista y primera vez a que te viole tu novio.
Las chicas adolescentes nos regalamos pulseras, colgantes y juramentos para ser siempre amigas porque ya está el patriarcado para enfrentarnos como competencia.
Las chicas adolescentes vivimos haciendo equilibrios entre el demasiado y el no lo suficiente.
Y, cuando nos tambaleamos, os atrevéis a llamarnos ridículas. Porque convertir a las chicas adolescentes en el chiste del que se ríe toda la sociedad es el mejor método para criar futuras mujeres inseguras y sin confianza en sí mismas.

*mayor prevalencia de anorexia nerviosa en jóvenes de 13 a 18 años que en adultos y en mujeres que en hombres